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Lunes, 10 de diciembre de 2018
Última actualización: Martes, 4 de diciembre de 2018 22:24
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Fede Merino

Buscar en los cubos de la basura

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Hambre y Medio Ambiente, Hambre o Medio Ambiente. Antes donde había gente acababa habiendo basura, ahora también es al revés: donde hay basura acaba habiendo gente. Hurgando, rebuscando en los cubos. En las grandes ciudades se busca comida, lo más sencillo y necesario: comida. Y se busca porque la hay, ya que una tercera parte de la producción alimentaria se pierde o se desperdicia.

         En Europa se calcula que se tira a la basura casi un kilo de comida por persona y día. En los países pobres eso se pierde en la elaboración y la transformación y en los países ricos se pierde en los consumidores finales. En esta cadena hay muchas cosas que podrían funcionar mejor. Dicen que el más tonto de esta industria de la distribución hace lo que pone en práctica el más listo pero con dos años de retraso. Y los bancos de alimentos se han convertido en plataformas logísticas que vuelven a repartir esa comida fruto de las donaciones entre los que más la necesitan.

         Ayer vi otra foto de esas. Mujeres vestidas con luminosos colores, armadas de jarras y de bidones y cargando agua en Etiopía. Dicen que afronta su sequía más severa que es el anuncio de otra hambruna. El mundo tendrá que reaccionar otra vez tarde ante la emergencia que se aproxima con diez millones de personas sin nada que llevarse a la boca. Mil millones de personas pasando hambre en el mundo y mil trescientos millones de toneladas de comida que se pierden, se tiran o se pudren. Tirar comida, ¡madre mía!. Eso antes era  pecado que no se solucionaba ni con un beso al currusco de pan, ni con un padrenuestro. Pero ahora la industria alimentaria esconde sus modos porque los consumidores no somos capaces de premiar las buenas prácticas.

         Fruta y verdura que se tira directamente porque no reúne los cánones estéticos para su comercialización. Así de crudo. Una manzana tocada, una mancha, un roce, una forma inapropiada. Y el niño no se lo come. Así que la madre no la compra. El tendero no la quiere. El productor la tira. Somos bastante exigentes con algunas cosas e increíblemente permisivos con otras.

         La gente se reía del dueño de IKea comprando en mercados de ropa de segunda mano o consumiendo productos a punto de caducar ¿por qué?. En cambio nadie parece escandalizarse de que Ivana Trump, la esposa del magnate candidato republicano estadounidense, posó en las escalerillas de su avión privado luciendo un bikini de oro. Eso parece que tiene el suficiente glamour para pasar la prueba del nueve, la de la aprobación colectiva, que desde luego prefiere verle a Ivana que a quienes rebuscan en los cubos de basura, aunque un intercambio de papeles por un solo día podría resultar bastante educativo. Porque una cosa es segura: el que desperdicia es el que más tiene, al que le sobra. Los cálculos de la FAO (el tercio de alimentos producidos para el consumo humano que se desperdicia) tienen su base en América del Norte y Europa, así de claro.

         Cierra el grifo cuando te laves los dientes, llévate en una bolsa la comida sobrante del restaurante y aún así estate seguro de que lo que unos llaman desarrollo otros, con razón, lo ven como derroche.

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