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Redacción

Nuevos tiempos, nuevos modelos: Ética y atención sociosanitaria

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Cuando hablamos de ética, debemos tener muy claro el significado del término, que a menudo se confunde con el de “moral”.

La Ética es la rama de la filosofía que estudia los comportamientos en cuanto pueden ser considerados como buenos o malos. Es un conjunto de normas que un sujeto ha establecido como una línea directriz de su propia conducta.

La Moral es un conjunto de normas que se utilizan para orientar la conducta de los miembros de una sociedad y se transmiten de generación en generación, evolucionan a lo largo del tiempo y poseen fuertes diferencias con respecto a las normas de otra sociedad y de otra época histórica.

En las normas morales impera el aspecto prescriptivo, legal, obligatorio, impositivo, coercitivo y punitivo. Es decir, en las normas morales destaca la presión externa; en cambio, en las normas éticas destaca la presión del valor captado y apreciado internamente como tal. El fundamento de la norma Ética es el valor descubierto internamente en la reflexión de un sujeto, no el valor impuesto desde el exterior.

Podemos entender la diferencia fácilmente, a través del siguiente ejemplo: mientras la moral dicta normas y criterios de actuación, la ética trata de fundamentar racionalmente dichas normas. Por ejemplo, sería moral estudiar la ESO, porque es una enseñanza obligatoria, mientras que es ético porque la enseñanza sirve para que el individuo se forme y tenga un futuro provechoso.

Parafraseando a Aristóteles: “Lo importante no es saber cómo ser bueno, sino serlo”. Así pues, la intencionalidad de nuestros actos es fundamental.

Asistimos a un nuevo paradigma en la atención a las personas mayores, que se concreta en aspectos tales como el Modelo de Atención Centrada en la Persona, la Calidad y la Ética en la gestión.

El avance en la promulgación de derechos y en la preservación de la dignidad de la persona, que deben configurarse como eje de las políticas de atención, obliga a realizar ese cambio de paradigma en el modelo de intervención.

Junto al valor indiscutible de la Ética en nuestra actuación, la calidad en la gestión se ha convertido en una proposición evidente, en axioma indiscutible. La calidad se basa en el compromiso para con la persona usuaria; es integral e incondicional. En ello, toda organización debe implicarse más allá de la implicación individual de personas concretas.

En todo caso, la gestión debe estar basada en el respeto y en la confianza. No sólo debemos tener en cuenta estos principios para las personas usuarias, sino también para todas las personas que forman parte de la organización, se trate de una institución pública o de una entidad privada. Los objetivos de la organización deben ser  comunes, compartidos. Su cumplimiento depende de este compromiso con todas las partes actoras. Pero además, la actuación de las y los responsables de una organización en cada fase de producción, cada inversión en recursos, cada solicitud que se haga a las y los trabajadores, debe partir de un imperativo ético.

Por tanto, la cultura ética de las organizaciones es una cuestión de vital importancia. Es fundamental que las y los profesionales que se van incorporando a las  entidades se vayan empapando de estos criterios, de esta cultura, a través de la formación, y que se vayan implementando guías y códigos éticos al respecto. Antes la intuición se usaba como guía, pero la intuición no basta, hay que sustentarla. La Ética proporciona el soporte que nuestra intuición necesita.

Actualmente, tenemos definidos una serie de derechos. Para que esos derechos se hagan efectivos, analizamos qué capacidades tenemos que promover y qué apoyos son los que tenemos que ofrecer cuando la persona usuaria no puede adquirir esas capacidades por sí misma. La Ética basada en los derechos fundamenta, en gran medida, el trabajo que desempeñamos. Lo central debe ser promover el desarrollo de los derechos de la persona.

La Ética constituye un marco que nos orienta en cuanto a las relaciones entre los diferentes actores que intervienen: profesionales, familiares, personas a las que apoyamos, la propia entidad…Si partimos desde el desarrollo de los derechos de las personas, este enfoque unifica criterios y ayuda a que nuestra actuación siga una misma línea.

Hay que  destacar que el maltrato a las personas mayores, y especialmente a las más indefensas, como es el caso de las personas con demencia, constituye un problema a diversos niveles: personal, familiar, intergeneracional, de salud, de justicia y de derechos humanos.

Es necesario que las y los profesionales de la salud, de los servicios sociales y la sociedad en general, se preocupen y tomen conciencia del maltrato que pueden sufrir las personas mayores, afectadas o no de demencia. Su detección permite establecer estrategias de prevención, cambio de actitudes y promover soluciones. Es una labor de detección de malos tratos a personas mayores a través de la cooperación interinstitucional, contando con todos los ámbitos implicados (salud, seguridad, servicios sociales…).

Concluyo con una cita de Leonardo Boff: “Cuando amamos cuidamos y cuando cuidamos amamos…El cuidado constituye la categoría central del nuevo paradigma de civilización que trata de emerger en todo el mundo… El cuidado asume una doble función de prevención de daños futuros y regeneración de daños pasados.“

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