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Fernando Fantova

Crisis de los cuidados y servicios sociales

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Se propone denominar crisis de los cuidados a una de las facetas o dimensiones fundamentales de la crisis sistémica o cambio de época que se estaría viviendo en nuestras sociedades en el paso del siglo XX al siglo XXI. Tiene que ver con la confluencia de dos pares de fenómenos. Por un lado la transición demográfica relacionada con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población en todo el mundo (que, al menos de momento, está suponiendo un aumento de las situaciones de enfermedad crónica y limitación funcional). Por otro lado la progresiva superación de las formas tradicionales de división sexual del trabajo en un contexto de reconfiguración de los tamaños, estructuras, dinámicas, valores y modalidades familiares y convivenciales, con la consiguiente disminución importante de la disponibilidad familiar y, en general comunitaria para el cuidado (al menos a día de hoy).

En un deseable contexto de superación de la inequidad de género en el reparto del empleo y del cuidado primario y en una senda necesaria de creación de tecnología y empleo, parece evidente que los servicios sociales y las políticas públicas de servicios sociales están llamadas a desempeñar un papel más central en la organización social de los cuidados, a la búsqueda del equilibrio idóneo y deseado en cada caso entre autocuidado, cuidado primario y cuidado profesional. La entidad de las necesidades en el área de la interacción humana y, específicamente, de los cuidados parecen reclamar una gran política sectorial y un sistema público capaz de organizar esa dimensión de la vida social, al menos con tanta razón de ser y tanta capacidad instalada como la que existe en educación, sanidad y pensiones o como la que debiera impulsarse en estos (y otros) ámbitos sectoriales.

Destaca especialmente la precariedad de nuestra capacidad social agregada y organizada en el ámbito de los cuidados si comparamos, por ejemplo, la cobertura pública y gratuita que tiene en nuestro país la costosa respuesta a determinadas necesidades sanitarias complejas con la ausencia de provisión pública para necesidades de cuidado altamente imbricadas con dichas necesidades sanitarias y que interactúan con ellas. Destaca que las pensiones de jubilación estén permitiendo un considerable flujo de solidaridad descendente en muchas familias (o la cantidad de patrimonio inmobiliario improductivo) mientras las personas carecemos de un sistema que nos brinde seguridad y nos facilite hacer previsiones en la organización de nuestros cuidados actuales o futuros.

(Fragmento adaptado de un artículo recientemente publicado en Zerbitzuan)

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