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Fede Merino
Miércoles, 25 de marzo de 2015 | Noticia leída 111 veces

Tocando a rebato por las farmacéuticas

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Puede que el mundo vaya mejor hoy que ayer. Depende de la forma de medir que se aplique y desde dónde se mire. Cuando Médicos Sin Fronteras alerta de que vacunar a un niño en un país pobre cuesta hoy 70 veces más que hace 14 años me da mucho qué pensar. Sobre todo porque la televisiones, los ordenadores y los secadores de pelo cuestan muchísimo menos que entonces.

       Sobre las farmacéuticas y su negocio hay muchas sospechas, y seguramente se disiparían cantidad de ellas a nada que se introdujera un poco más de transparencia en su actividad, concretamente en su negociación de precios con los estados y en los beneficios que obtienen. Es decir, el dinero que les queda después de haber costeado todo el proceso de investigación, desarrollo y fabricación.

       Los paquetes de vacunas son ahora más completos, abarcan más enfermedades (una docena más) pero sus precios se han disparado. La pelea aquí es por el Sovaldi contra la Hepatitis C y en otros lugares por el antidiarreico rotavirus.

       Desde luego que hay mercados sin regulación que pueden resultar muy dañinos. Se puede entrar en la guerra de patentes y también en la de fabricantes, incluso resulta altamente lucrativo el mercado de los fármacos falsificados cada vez más abundantes.

      No es lo mismo beberse un vino malo a inyectarse una vacuna falsa. Hay cosas que te pueden matar y otras que te pueden salvar, y se trata de lo segundo. Seguramente es más digerible aceptar los sobreprecios en los cosméticos que en los fármacos.

       Nosotros aquí estamos cubiertos. Son nuestros impuestos los que han posibilitado un sistema universal sanitario: la joya de la corona. Pero sigue habiendo lugares donde los de aquí (entendamos aquí como lugar con elevado nivel de vida o de consumo) siguen haciendo sus negocios allí.

       Y es esa economía, ese mercado desregularizado y esa ética dormida las que sustentan la estructura injusta en la que nos basamos. Ese es también nuestro andamio, aunque no nos subamos. Podría tocarnos, y nos parecería terrible. Bueno, pues tiene que tocarnos, porque el informe de MSF es para tocar a rebato.

         Es terrible descubrir, como lo hizo el economista indio Amartya Sen, que las hambrunas más graves no suelen tener relación con las variaciones en la producción agraria sino otros asuntos más ligados a la especulación o el acaparamiento. Lo mismo puede pasar con los “progresos” farmacéuticos. 

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