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Pedro Mendigutxia

Hacienda somos todos menos alguno, ahora

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Que la expresión “Hacienda somos todos” despliegue sus significados única y exclusivamente en el ámbito para el que fue concebida, que es el publicitario, como sostiene ahora el Estado a través de sus abogados, quiere decir que si algunos ciudadanos pueden usar a ingenieros fiscales para construir puentes desde su casa hasta Andorra es porque, además de la obligación de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos del artículo 31 de la Constitución, tienen también derecho a proteger el dinero que ganan con sudor y con sangre, o incluso en actos de servicio a su país, como alguna vez sostuvo la señora Ferrusola, o sin despeinarse, que qué mas da.

 

Quiere decir también que cuando alguien no cumple con su obligación de destinar parte de lo que gana a pagar quirófanos o pizarras digitales a quien engaña no es al conjunto de la sociedad, sino a unos administradores que no la representan.

 

Sostener que “Hacienda somos todos” es tan verdad como que la Coca Cola es “la chispa de la vida”, es decir a la Vicepresidenta del Gobierno, que sí sostiene que Hacienda somos todos (la última vez que se lo oí, en Zaragoza, en febrero del año pasado) que haga el favor de usar argumentos propios de gobernantes, y no de publicistas.  Significa que cuando los gobernantes pagan campañas, con dinero de todos, para evitar accidentes de tráfico o la transmisión de enfermedades infecciosas, tienen que advertir al publico que los eslóganes que utilizan solo son verdad “de alguna manera”.

 

Que Hacienda no somos todos quiere decir, en fín, que si se te queda cara de bobo al ver que tú pagas tus impuestos religiosamente mientras el padre de Messi o la familia Pujol no lo hacen, al menos tan religiosamente, es que, efectivamente, eres bobo.

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