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Koldo Campo
Jueves, 10 de diciembre de 2015

Humanos sin derechos

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Decía Leon Tolstoi que los derechos humanos son aquellos a los que la mayoría de los humanos no tienen derecho. A fin de cuentas, muchos seres humanos no nacen libres ni iguales, ni en dignidad ni en derechos; derechos que para las minorías se convierten en privilegios inalcanzables, porque lo único universal es su violación.


Los derechos humanos, desde su nacimiento, han tenido poderosos enemigos: las plutocracias expansivas, que abogan por el individualismo, que en su fundamentalismo neoliberal desarman a los estados, buscan la quiebra de los sistemas de protección y deifican el mercado, como si fuera un infalible regulador del sistema que ,por lo conocido ahora, es evidente que no lo es. Así, principios como la solidaridad se debilitan para valorizar la rentabilidad, la productividad, la competitividad…hasta transformar los comportamientos fraternales en pulsos fratricidas, merced al inusitado interés de los que alimentan la pobreza y las hambrunas, encienden las guerras y nublan la paz, propugnan la xenofobia y el racismo, se fanatizan como nacionalismos excluyentes, se aferran a las desigualdades de género, fomentan la explotación y la tortura o recortan derechos civiles a favor de una libertad carcomida y de una seguridad virtual para asentarse en el poder mediante la inoculación de miedo.


Vivimos tiempos de incertidumbre, y aunque podamos celebrar que los derechos humanos se han convertido en bandera de millones de personas, la impunidad campa a sus anchas, por ejemplo, en la guerra contra el terror.
Y son muchos los que subordinan el derecho a la vida a derechos colectivos, entrecomillan la justicia, la presunción de inocencia, el honor, el asilo, el pensamiento, la opinión, la participación política, la seguridad social, el derecho al trabajo, a la protección contra el desempleo, a la salud, a la alimentación, a la vivienda, a la educación, a la cultura…un catálogo de derechos mancillados y olvidados intencionadamente.


Muchos estados se alinean como defensores de los derechos humanos porque condenan los genocidios, los exterminios, los crímenes de guerra o repudian la pena de muerte…es decir, hacen una lectura reduccionista de los derechos, limitando su oposición al catálogo de los horrores abominables, pero olvidan todos los demás. Y los derechos humanos o son todos y universales o no lo son, como les ocurre a las democracias que o son íntegras o no lo son.



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