Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Pedro Mendigutxia

Pedir perdón

Guardar en Mis Noticias.

¿Se acuerdan ustedes de cuando el Rey Juan Carlos dijo aquello de lo siento, me he equivocado, y no volverá a ocurrir, después de que se descubriera que anduvo cazando elefantes? Entonces pareció que la Corona había tocado fondo, pero hoy pienso que no, que aquello fue un gesto de dignidad, bien inusual en un país en el que no rectifica nadie. Que si el número de rectificaciones que se producen en la esfera pública es un indicador de la sabiduría de un país (dicen que rectificar es cosa que hacen los sabios), no nos queda otra que concluir que somos un país de tontos. 

 

Podría parecer que no, porque la verdad es que se viene abriendo paso con fuerza un nuevo género literario de petición de disculpas. Pero a mí esa forma de pedir perdón me parece inaceptable. Primero, porque quienes la usan buscan diluir la responsabilidad propia en la del grupo, o en la debilidad propia de la condición humana, o hasta en el pecado original, como cuando Mariano Rajoy (después de muchos meses), refiriéndose a su SMS a Bárcenas, explicaba que "como cualquier ser humano, nos equivocamos". 

 

Tampoco me parecen aceptables los medios, que buscan no tener que mirar a los ojos a las personas a las que se causa el daño. Como por ejemplo, utilizar la cuenta de twitter empezando por aquello de que "si alguien se ha sentido ofendido..." después de haber comprobado que tus actos habían ofendido a mucha gente. O utilizar una homilía para decir, ay, Cañizares!, que aunque ayer dije que no todo es trigo limpio entre los refugiados, no es menos verdad que Nuestro Señor Jesucristo nos dijo que había que ayudar al prójimo, y que a lo mejor se me ha entendido mal.

 

La culpa, siempre, al empedrado. Así que no es de extrañar que el Madrid alinee irregularmente a un futbolista y no salga nadie diciendo he sido yo (no quien no me dijo lo que yo debía saber), me he equivocado (porque no leí, porque no comprobé, porque no pregunté, porque me confié...) y no volverá a ocurrir (porque como he hecho perder a mi organización decenas de miles de euros, dimito). 

 

Cuando ni las formas, ni los tiempos, ni los medios valen para lo que deben valer, lo que queda afectado es el fondo. Ni hay arrepentimiento verdadero ni propósito de la enmienda.

 

A aprender del rey. Quién lo diría.

Begirada • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress