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Sábado, 18 de agosto de 2018
Última actualización: Jueves, 16 de agosto de 2018 23:07
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Manfred Nolte

Aylan Kurdi

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Aylan Kurdi es el nombre del niño sirio de apenas tres años ahogado en las playas de Turquía, que ha sacudido las conciencias de Europa y ha provocado en buena medida el primer gran programa comunitario de cuotas de acogida a 160.000 refugiados llegados este año a Grecia, Italia y Hungría, cantidad que, pese a todo, queda lejos de las 500.000 personas que han llegado a territorio europeo desde principios de este 2015, según el presidente de la Comisión en su reciente discurso sobre el estado de la Unión. 160.000 refugiados para un territorio de 5oo millones de habitantes.

 

Es cierto que Europa no puede albergar todas las desdichas de los países en guerra y mucho menos las penalidades de aquellos a los que el lenguaje jurídico conceptúa fríamente como  ‘emigrantes económicos’. Pero a ambos, a aquellos y a estos, alude en silencio el pequeño cuerpo sin vida de Aylan Kurdi mecido por las olas en las orillas de una nueva tierra de promisión. Nos explica con insoportable ternura que es imperativo recordar el derecho natural de aquellos que huyen del infierno de la pobreza en su sentido más amplio, dejando atrás una existencia sin esperanza buscando otra mejor aun a costa de perderla del todo. La cobertura jurídica otorgada por el estatuto universal del refugiado, la Convención de Ginebra de 1951, que asiste a los que solicitan asilo político se refiere a la pobreza absoluta de quien ve amenazada físicamente su bien más radical, la vida, pero en esencia esa protección se entiende extendida, como derecho natural, a cualquier tipo de pobreza extrema. Hay cientos de niños entre los que huyen de la violencia y de los horrores de la guerra y las terribles condiciones que asolan su viaje cualifican por si solas la gravedad de la crisis humanitaria. Muchos languidecen en campamentos improvisados con poca o ninguna ayuda que se cita en las fronteras de Europa. Para ellos y sus familiares Aylan encarnará en adelante el sueño insobornable por alcanzar una vida mejor.

 

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