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Pedro Mendigutxia

Antes y después de la foto

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Antes de que apareciera en los medios la foto del niño sirio muerto en la playa, la Vicepresidenta del Gobierno de España decía que acogeríamos más refugiados que Polonia, unos dos mil, superando los 1300 que defendía Fernández Díaz, el cual, por cierto, los comparaba con goteras.

 

Después de la foto, Pedro Sánchez propone un pacto nacional para hacer frente al reto que supone la entrada de refugiados, distintas asociaciones agitan las redes sociales y movilizan a miles de personas, haciendo que ayuntamientos y diputaciones presionen al Gobierno a cambiar de postura. Rajoy convierte los 1300 del Ministro del Interior y los dos mil y pico de Sáenz de Santamaría en “los que haga falta” (en el marco de una política ordenada y eficaz, que para eso es de derechas), apostillando, como suele hacer, aquello de “como no podía ser de otra manera”, aunque hasta antes de la foto era, realmente, de otra manera.

 

Antes de la foto la policía macedonia recibía a los refugiados con material antidisturbios, y después de la foto, la prensa nos dice que la gente los recibe con aplausos en las estaciones a las que llegan.

 

Se llamaba Aylan. Niños como él había también en el camión que encontraron abandonado en Austria con 50 cadáveres, que nadie fotografió.

 

En la sociedad de las imágenes, hacen falta imágenes. Sin ellas, la realidad no existe. Al menos, para quien tiene responsabilidad de que la realidad sea distinta. O sea, todos y todas. Gracias a quien tomó la foto, y a los medios que la publicaron.

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