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Fernando Allende

Las múltiples "R" de la ecología

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Si bien inicialmente, en el mundo de la ecología, se habló de las TRES “R”: reciclar, reutilizar reparar…. posteriormente, y sobre todo ahora escuchando a Francisco podríamos completar el panorama:

  1. Responsabilidad ante esta tierra que es de Dios (68) y que fuimos llamados a cuidarla y labrarla (Gn 2,15), se trata de un “desafío urgente de proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral pues sabemos que las cosas pueden cambiar (13), y sin olvidar que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”.(139)
  2. Reducir el consumo, “apostar por otro estilo de vida”; “dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista impulsivo para colocar sus productos las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios” (203). “Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social”. Aquí vuelve a aparecer la “R” anterior: “la responsabilidad social de los consumidores” (206)
  3. Repartir pues “un verdadero planeo ecológico se convierte siempre en planeo social que debe integrar la justicia… para escuchar tanto el clamor de la tierra como el de los pobres ….. culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar el problema. Se pretende legitimar así el modo distributivo actual donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar[1], porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo” (50). “La tierra de los pobres del sur es rica y poco contaminada pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso…. Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana” (52)
  4. Resarcir  “La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Porque hay una verdadera « deuda ecológica », particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre. Especialmente hay que computar el uso del espacio ambiental de todo el planeta para depositar residuos gaseosos que se han ido acumulando durante dos siglos y han generado una situación que ahora afecta a todos los países del mundo…. (51)
  5.  Reconducir. “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido….. se desataca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración” (202) “Sólo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico· (211). Por ello hablará de una “conversión ecológica” para los cristianos: “vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (217) y por ello, entre otras cosas, nos habla de que “la espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño…. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres (222. “La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora” (223). “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por lo demás y por el mundo” (229)
  6. Rechazar.  Si bien muchos son los mecanismos y “culturas”rechazables podríamos insistir en algún rasgo: “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas... El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis...Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia. (53). Por ello “Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos. En esta línea, el Documento de Aparecida reclama que «en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida»[32]. La alianza entre la economía y la tecnología termina dejando afuera lo que no forme parte de sus intereses inmediatos.  Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. (54)
  7. Resistir frente al “paradigma tecnológico (que) también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano. Las finanzas ahogan la economía real” (109). “La cultura ecológica debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programas educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (111)
  8. Relaciones nuevas con Dios, el prójimo y la tierra (66). “Cuando todas estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que la vida está en peligro” (70). “No podemos sostener una espiritualidad que olvide al Dios todopoderoso y creador. De ese modo terminaríamos adorando a otros poderes del mundo o nos colocaríamos en el lugar del Señor hasta pretender pisotear la realidad creada por él sin conocer límites… (75)

Y aunque no sea una “R”, si es un actitud a erradicar: “mirar para otro lado” . “Al mismo tiempo, crece una ecología superficial o aparente que consolida un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad. Como suele suceder en épocas de profundas crisis, que requieren decisiones valientes, tenemos la tentación de pensar que lo que está ocurriendo no es cierto...Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se las arregla para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera” (59)

 

[1] La famosa huella ecológica

 

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