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Redacción
Sábado, 18 de julio de 2015 | Noticia leída 72 veces

El poder y los chulitos

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Comentando el acuerdo del domingo pasado entre Grecia y la Unión Europea, decía el lunes Maroto en la SER que el problema lo tenía ahora Tsipras, que tenía que volver a casa a convencer a los griegos de que el acuerdo era bueno, después de meses diciéndoles que haría todo lo contrario. Y deduje de sus palabras que se lo tenía bien merecido, por chulito. Si, si, como lo oís. El argumento era bien sencillo, aunque yo lo explique recurriendo a lo que me evocó escuchar esa palabra: “chulito”. Creo que Maroto quería decir que cuando el débil acude al poderoso a pedir ayuda, no puede presentarse diciendo resuélveme el problema, sino haciendo confesión de indefensión y debilidad, reconociendo humildemente los pecados cometidos y suplicando magnanimidad. Creo que quería decir que solo así conseguirá remover las entrañas de misericordia que tiene el poderoso (que el poderoso tiene entrañas de misericordia bien escondidas en sus adentros lo demuestra Angela Merkel acariciando a una niña palestina después de haberle explicado el cruel destino que les espera a las puertas de Europa a los débiles como ella). Creo que quería decir que si no, si el débil se presenta con la cabeza alta, si se pone digno, si no reconoce que lo que le pasa es porque se lo tiene bien merecido, si convoca un referéndum para chantajear al poderoso, si no confiesa, como en el Antiguo Testamento, que lo que sufre se debe a que pecó, y si no fue él fueron sus padres, o sea, los gobernantes que lo precedieron, si se arroga méritos que no le corresponden, como aquello de ser los que inventaron la democracia, entonces se cae con todo el equipo. Toda una lección, Maroto, para saber cómo hay que acercarse al poder. Gracias.

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