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Redacción
Miércoles, 3 de julio de 2019

Greenpeace alerta del daño "irreversible" para el océano por la minería en aguas profundas y pide una gobernanza mundial

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Greenpeace ha alertado del daño "irreversible" que podría causar en el océano la minería en aguas profundas y pide a los Gobiernos que promuevan un Tratado Mundial de los Oceános en Naciones Unidas que sitúe en el centro de la gobernanza de los océano su conservación en vez de su explotación.

La ONG ha publicado el informe 'In deep water' (En aguas profundas en español) que denuncia los daños "severos e irreversibles" a los que se enfrentan los océanos si no se establecen salvaguardas ambientales más estrictas para su protección ante los riesgos de la minería en aguas profundas.

La industria minera de aguas profundas, según el estudio, es "consciente" de que sus actividades pueden provocar la extinción de especies únicas. Greenpeace pide a los Gobiernos que acuerden un "sólido" Tratado Mundial de los Océanos en Naciones Unidas que ponga la conservación y no la explotación en el centro de la gobernanza de los oceános.

"La salud de los océanos está estrechamente vinculada a nuestra propia supervivencia. A menos que actuemos para protegerlos, la minería de aguas profundas podría tener consecuencias devastadoras para la vida marina y la humanidad", ha declarado Louisa Casson, de la campaña de Protección de los Océanos de Greenpeace.

Además, ha recordado que las profundidades marinas son el ecosistema más grande del planeta y que esta industria "codiciosa" podría destruir las "maravillas de las profundidades del océano "incluso antes de que tengamos la oportunidad de estudiarlas. Hasta ahora, se estima que la comunidad científica apenas ha explorado o muestreado en torno al 0,0001 por ciento del lecho marino profundo.

El informe incluye también citas de científicos, gobiernos, ecologistas y representantes de la industria pesquera, que alertan de las amenazas inevitables a la vida marina en amplias áreas de los océanos de todo el mundo por la maquinaria minera y a la contaminación tóxica asociada si los gobiernos permiten que comience la minería en aguas profundas. El informe también explica cómo la minería de aguas profundas podría empeorar la crisis climática al interrumpir las reservas de "carbono azul" en los sedimentos del fondo marino.

En la actualidad, la minería comercial en alta mar no ha comenzado todavía pero se han otorgado un total de 29 licencias de explotación a China, Corea, Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia, que han reclamado vastas áreas del océano Pacífico, Atlántico e Índico que suman una superficie de un millón de kilómetros cuadrados, casi dos veces la superficie de España.

La filial del gigante estadounidense de armas Lockheed Martin cuenta con dos licencias de exploración expedidas por Reino Unido.

El estudio de Greenpeace expone también la debilidad de la actual fragmentación de la gobernanza de los océanos y acusa a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), el organismo de la ONU responsable de regular la industria minera de aguas profundas, de priorizar los intereses corporativos por encima de una protección marina firme.

De ese modo, Casson afirma que la ISA "no es apta" para proteger los océanos porque está "más preocupada por promover los intereses de la industria minera de aguas profundas y hacer lobby para no lograr un firme Tratado Global de los Océanos".

A su juicio, es "fundamental" que los Gobiernos acuerden un Tratado en la ONU, lo "suficientemente sólido" como para allanar el camino para crear una red de santuarios marinos que dejen fuera del alcance todas las formas de explotación industrial, incluida la minería en aguas profundas. "También necesita hacer cumplir los más altos estándares ambientales para impedir actividades de este tipo en los santuarios", ha concluido.

En estos momentos, el bargo 'Esperanza' de Greenpeace viaja hacia la mitad del Atlántico donde investigará en la Ciudad Perdida, una espectacular de chimeneas hidrotermales activas que se elevan sobre el fondo marino y pueden contener pistas sobre el origen y evolución de la vida.

A pesar de que esta zona ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Ciudad Perdida se encuentra bajo amenaza después de haber sido incluida en un área de la Cordillera del Atlántico Medio por un contrato de exploración minera en alta mar otorgado por la ISA al Gobierno polaco en febrero de 2018.

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