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Redacción
Miércoles, 23 de enero de 2019

El CICR alerta de que el cambio climático está exacerbando el conflicto entre comunidades en el Sahel

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El cambio climático se está dejando notar con especial virulencia en el Sahel y en países como Malí o Níger está contribuyendo a exacerbar el conflicto entre las comunidades, ha alertado el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, advirtiendo de que además contribuye a incrementar la pobreza además de alterar los medios de subsistencia tradicionales y provocar un deterioro de los servicios públicos.

Según Maurer, que acaba de realizar una visita a la región, la violencia y las dificultades que atraviesa esta zona de África se deben no solo al conflicto sino que también están vinculadas con la disminución de las tierras útiles y la imprevisibilidad de los recursos hídricos.

De acuerdo con las estimaciones de la ONU, cerca del 80 por ciento de las tierras cultivables del Sahel están deterioradas. En esta región de África --que engloba a Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad-- las temperaturas aumentan 1,5 veces más rápido que el promedio mundial, las precipitaciones son erráticas y las estaciones húmedas se están reduciendo.

Aproximadamente 50 millones de personas dependen de la ganadería y compiten por la tierra en la región. A finales de 2018 se estima que había unos 33 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en la región.

"Las antiguas tensiones entre las comunidades agrícolas y de pastoreo se intensifican debido al cambio climático, a medida que disminuye la disponibilidad de tierras útiles y que las fuentes de agua se vuelven menos confiables", ha prevenido Maurer.

El presidente del CICR ha subrayado que "el cambio climático suma un factor complicado en una región donde el subdesarrollo, la pobreza endémica, la criminalidad generalizada y la violencia ya dan lugar a una calidad de vida sumamente frágil".

"Esta combinación explosiva significa que debe haber un cambio radical en los enfoques respecto del Sahel, que fortalezca la capacidad de las personas de resistir mejor las crisis climáticas", ha sostenido.

Las comunidades empobrecidas afrontan dificultades para acceder a asistencia sanitaria de forma segura, encontrar escuelas para sus hijos u obtener un ingreso básico. Al buscar formas de mantener a sus familias, las personas pueden verse confrontadas con decisiones difíciles, como migrar por rutas peligrosas o unirse a grupos armados, ha advertido el CICR.

AUMENTO PREOCUPANTE DE LA VIOLENCIA

Además, la violencia está aumentando de forma preocupante en esta parte del continente africano. De acuerdo con los datos del grupo de investigación Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), en Malí se registraron 1.686 muertes en 2018, en comparación con 949 en 2017 y 320 en 2016. Las zonas conflictivas también se están extendiendo, desde el norte hasta el centro de Malí, así como a lo largo de las fronteras entre Níger, Malí y Burkina Faso.

Al margen del impacto que el cambio climático pueda tener en los niveles de violencia, desde el CICR destacan que la supervivencia de las comunidades es mucho más complicada cuando se ven afectadas por ambos factores a la vez.

"Los habitantes de Malí y Níger ya saben que la creciente escasez de recursos exacerba la violencia entre pastores y agricultores", ha señalado Maurer.

En opinión del presidente del CICR, "se dedica mucha energía a encontrar soluciones, pero debemos prestar ayuda a las personas en el fortalecimiento de su capacidad para afrontar los efectos del cambio climático y de la violencia, ya que esta mezcla explosiva no desaparecerá en el corto plazo".

Así las cosas, el CICR ha planteado una serie de medidas con vistas a evitar las "consecuencias más terribles" del cambio climático en el Sahel.

La primera de ellas pasa por apostar por soluciones a largo plazo, lo que pasa entre otras cosas por crear asociaciones y hacer planes a largo plazo, además de invertir en nuevos modelos financieros. "Las organizaciones humanitarias deben trabajar para prevenir situaciones de sufrimiento en lugar de brindar respuestas ante ellas", sostiene el organismo internacional.

Por otra parte, se debe mejorar la gestión del suministro de agua y de energía. A nivel local, las soluciones pueden incluir un aumento de estaciones de bombeo con energía solar y pequeñas presas que retengan el agua durante la temporada de lluvia, para que el agua se filtre hacia el suelo y reabastezca los acuíferos, ha propuesto el CICR, que considera "crucial limitar la degradación ambiental en todo momento".

Por último, el organismo internacional apuesta por que los habitantes de Malí y Níger sepan que "tienen futuro y perspectivas viables". Para ello, hay que mejorar el acceso a la educación, a la formación y al empleo, y contribuir al fortalecimiento de la capacidad de las personas para identificar soluciones y aplicarlas a escala.

Según el CICR, para lograrlo harán falta "mecanismos financieros innovadores para ampliar la asistencia humanitaria tradicional y ayudar a las personas a generar medios de sustento en entornos frágiles".

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