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Elsa Fuente

72 años en pro de la infancia

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El 11 de diciembre de 1946 la comunidad internacional proclamó una nueva ética dedicada a la protección y el cuidado de la infancia, al establecer el Fondo Internacional de Emergencia para la Infancia (UNICEF), destinado a responder a las necesidades de millones de niños y niñas desplazados y refugiados, que carecían de refugio, vestido y alimentos al terminar la Segunda Guerra Mundial. En algunas zonas, la mitad de esos niños y niñas morían antes de cumplir su primer año de vida.

 

El Director Ejecutivo designado, Maurice Pate, puso como condición para la aceptación de su cargo que no hubiera cláusulas condicionales sobre el destino de la ayuda e insistió en que UNICEF ayudaría igualmente a los niños y niñas de los países vencedores y de los países derrotados; en definitiva, a todos los niños y niñas que lo necesitaban.

 

Porque UNICEF fue creado para ayudar a la infancia afectada por la guerra, aunque a lo largo de los años ha desempeñado un papel mucho más amplio. En el texto oficial de su fundación se incluyó la frase “para promover la salud infantil en general”, siendo ésta la llave para avanzar hacia un ámbito permanente en sus actividades de prevención y control a gran escala de las enfermedades infantiles.

 

En 1950 UNICEF eliminó la referencia “Internacional” y “Emergencia” de su denominación, para convertirse en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (aunque siguió conservando las mismas siglas), aunque nunca ha dejado de ocuparse de los niños y niñas en situaciones de crisis, afectados por la guerra, los conflictos, la sequía, el hambre o cualquier otra emergencia. Su misión fue ampliándose de acuerdo con la propia perspectiva del desarrollo, considerando que la infancia no constituía en sí misma otra causa, sino que es parte de todas las causas. No obstante, dentro de este marco también sostuvo que la infancia debía tratarse de forma diferenciada porque los niños y niñas son quienes padecen de forma más aguda las consecuencias de la pobreza.

 

El bienestar de los niños y niñas de hoy es inseparable de la paz del mundo de mañana, fueron las palabras que, por el entonces Director Ejecutivo de UNICEF, Henry Labouisse, proclamó al aceptar el premio Nobel de la Paz en 1965. Reflexión que sigue vigente en nuestros días y que también ha sido desarrollada en situaciones de conflicto bajo la idea teórica de “la infancia como zona de paz”.

 

En 1974, la Junta Ejecutiva de UNICEF hizo una declaración formal denominada “Emergencia en favor de la Infancia” ante la crisis mundial por la subida de los precios de los alimentos. La desnutrición y el hambre fueron propagándose en los países empobrecidos, y UNICEF empezó a considerar urgentemente qué estrategia podían seguir sus programas para llegar a la infancia de forma más efectiva en relación a los costes, avanzando en el enfoque de los servicios básicos, con un conjunto de servicios integrados y suficientemente flexibles para adaptarse a la situación de cada comunidad. Se inicia la revolución de la supervivencia infantil. La lucha contra la mortalidad infantil como un instrumento de desarrollo haciendo partícipe directa a la propia comunidad, capacitada y motivada.

 

En la década de los 80 las economías del mundo en desarrollo se vieron obligadas a llevar a cabo ajustes estructurales que afectaron al gasto público social, incluidas la salud y la educación. Ajustes que fueron cuestionados por UNICEF a través del estudio “Repercusiones de la recesión mundial sobre la infancia” y otro posterior titulado “Ajuste con rostro humano: proteger a los vulnerables y promover el crecimiento” en el que ponía a los niños y niñas primero.

 

En 1990, tras la aprobación por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 89 de la Convención sobre los Derechos del Niño, UNICEF organizó la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, en la que 159 países se comprometieron a planificar medidas para asegurar la supervivencia, la protección y el desarrollo de la infancia. Los niños y niñas tenían que ser los primeros en recibir los recursos de la sociedad, tanto en épocas prósperas como de dificultades. Los compromisos de la Cumbre Mundial fueron el marco de la labor de UNICEF hasta el año 2000, donde tuvo lugar la Cumbre del Milenio, cuya declaración aprobó seis principios fundamentales: libertad, igualdad y solidaridad, tolerancia, no violencia, respeto por la naturaleza y responsabilidad compartida, definiendo lo que se conocería como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Los ocho objetivos de desarrollo del milenio estaban relacionados con el bienestar de la niñez, desde erradicar la pobreza extrema y el hambre a la construcción de una alianza mundial en favor de la infancia.

 

Además de por los ODM, la labor de UNICEF en el primer decenio del siglo XXI se guió por el pacto que surgió de la Sesión Especial en favor de la Infancia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en 2002, donde un grupo de niños y niñas presentó los más de 94 millones de compromisos de personas de todo el mundo unidas a la campaña Decir sí por los niños vinculada al Movimiento Mundial en Favor de la Infancia. Los niños y niñas con voz y como sujetos de pleno derecho estaban presentes.

 

Cuando en 2015 la era de los Objetivos de Desarrollo del Milenio llegó a su fin, la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se convierten en la hoja de ruta, un cambio de modelo y una oportunidad para avanzar en el desarrollo y bienestar de todas las personas y en el de la infancia en particular, poniendo el foco en las más vulnerables, con el fin de no dejar a nadie atrás en ningún lugar del mundo. Además, amplía la mirada hacia nuevas dimensiones del bienestar asociadas con la equidad, el desarrollo económico, el medioambiente y el cambio climático, la promoción de la paz y la protección. Como siempre en todos estos escenarios están en juego las vidas y oportunidades de millones de niños y niñas.

 

En resumen, la historia de 72 años de UNICEF es una historia de numerosas infancias que se perdieron y se recuperaron, de niños y niñas que recibieron cuidados y protección. Es la historia de los avances que la familia humana puede lograr cuando se une para proteger los derechos de sus ciudadanos y ciudadanas más jóvenes y más vulnerables.

 

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