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Jueves, 13 de diciembre de 2018
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Elsa Fuente
Sábado, 27 de octubre de 2018

Un nombre, una vida

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Todo lo que es tiene nombre, y lo que no lo tiene, no existe. Los bebés que mueren sin nombre es como si no hubieran existido y sin embargo existen, han existido para esos padres y madres que no han querido poner un nombre a su bebé porque no sabían si iba a sobrevivir. Una verdadera tragedia.

Por ello, el objetivo de nuestra campaña #UnNombreUnaVida es evitar la muerte de 7.000 bebés al día, esos 2,5 millones de bebés que cada año mueren antes de cumplir un mes de vida (900.000 de ellos lo hacen el mismo día de nacer).

Aunque la tasa de mortalidad neonatal (menores de 1 mes) se ha reducido más de la mitad (un 51%) entre 1990 y 2017: de 37 bebés muertos a 18 por cada 1.000 nacidos vivos, si no se toman medidas urgentes, aproximadamente 28 millones de recién nacidos morirán de aquí a 2030, y el 80% de estas muertes se producirán en África subsahariana y en el sur de Asia, donde las tasas de mortalidad neonatal son de 27 y 26 muertes, respectivamente, por cada 1.000 nacidos vivos.

Porque el lugar, el país donde nacemos sigue determinando nuestra supervivencia. Para que nos hagamos una idea, mientras en Euskadi la mortalidad neonatal es de 1 de cada 683 según el INE 2017, en Pakistán, que tiene las cifras de muertes neonatales más altas, la probabilidad se multiplica casi por 30, siendo 1 de cada 23.

 

La mayoría de estas muertes de recién nacidos se deben a nacimientos prematuros, complicaciones durante el parto o infecciones como sepsis, neumonía o meningitis. Pero los bebes no sólo mueren por causas médicas. Mueren porque sus progenitores son quienes son, y por dónde han nacido, porque sus familias son demasiado pobres o están demasiado marginadas para tener acceso al cuidado que necesitan. Los bebés nacidos en familias más pobres tienen el 40% más de probabilidades de morir durante el periodo neonatal que los nacidos en familias menos pobres.

 

Necesitamos garantizar el acceso a establecimientos de salud funcionales y limpios, equipados con agua corriente y electricidad (un estudio de la OMS 2016 reveló que el 35% de las instalaciones de salud en 54 países no contaban con agua y jabón para lavarse las manos), con personal de salud capacitado y suficiente, acceso a suministros (tanto equipamiento como medicamentos), y un trato a las madres con dignidad y respeto, especialmente a las adolescentes. Debemos avanzar hacia un mundo con una cobertura de salud universal donde ningún recién nacido muera por una causa evitable.

 

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible así lo recoge en su ODS 3, siendo una de sus metas (3.2) reducir la mortalidad neonatal al menos a 12 por cada 1.000 nacidos vivos.

 

Pero la buena noticia es que, con medidas sencillas, como una vacuna, un antiséptico, una manta térmica o un antibiótico, podemos salvar al 80% de esos recién nacidos, podemos salvar la vida de 5.600 bebés cada día.

 

Queremos que todos los padres y madres se ilusionen pensando el nombre de su bebé porque saben que va a sobrevivir; por eso, hoy pedimos que cada nombre, cada persona, empresas e instituciones nos apoyen para que miles de bebés puedan tener su nombre y su vida. #UnNombreUnaVida

www.unicef.es/unnombreunavida

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