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Jueves, 13 de diciembre de 2018
Última actualización: Miércoles, 12 de diciembre de 2018 21:47
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Fernando Fantova

“No deseo ser tratado por el sistema público de servicios sociales como parte de un colectivo”

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El sistema público de servicios sociales puede llegar a ser, como ya lo son el sanitario, el educativo o el de pensiones, para una mayoría de la gente, hoy y aquí, una fuente de seguridad y satisfacción a lo largo de nuestro ciclo vital. Puede desarrollarse y transformarse en un mecanismo eficaz, para toda la población, en la prevención y abordaje de necesidades que pudiéramos sentir en función de cambios en nuestra autonomía para las decisiones y actividades de la vida diaria o nuestras relaciones familiares y comunitarias.

Uno de los obstáculos para lograr ese desarrollo es la concepción operante en buena parte de las dinámicas y estructuras que funcionan en nuestros servicios sociales según la cual éstos son servicios para determinados colectivos o, todavía peor, servicios integrales para ellos. Dicho de otra forma: hasta que nuestra autonomía funcional o integración comunitaria no se deterioren lo suficiente como para poder ingresar en una de esas categorías, poco podemos esperar de los servicios sociales; y cuando se nos considere miembros de uno de esos segmentos poblacionales vulnerables, lo más probable es que seamos, para siempre, sin vuelta atrás, miembros de ese grupo (y, para los servicios sociales, sólo de él).

Nuestras organizaciones del tercer sector de acción social tienen una gran parte de responsabilidad en este problema que lastra el desarrollo del sistema público de servicios sociales. Sin duda, es muy positivo que las personas nos agrupemos solidariamente en función de circunstancias que nos afecten o desafíos que sintamos compartir. Sin embargo, el modelo de intervención y organización de unos servicios sociales universales y centrados en la persona, incluso cuando concierten prestaciones con la iniciativa social, no puede basarse en la segmentación que se deriva de esa autoorganización de la ciudadanía.

La frase que encabeza este artículo quiere expresar la aspiración a contar con un sistema público de servicios sociales capaz de brindar a todas las personas los cuidados, productos, apoyos e intervenciones capaces de complementar y optimizar nuestra autonomía funcional y relaciones primarias cotidianas en la diversidad sexual, funcional, generacional y cultural presente en la comunidad. Es tarea de los poderes y administraciones públicas y de la organización solidaria de la sociedad civil transformar y reorientar los servicios sociales para que, cada vez menos, nos encuadren en colectivos y, cada vez más, nos apoyen, de forma preventiva y personalizada, para vivir en la diversidad comunitaria.

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