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Redacción
Jueves, 11 de octubre de 2018

Child Soldiers International reclama igualdad de género en reinserción de niños soldado en Sudán del Sur

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Haber sido enrolada en las filas de un grupo armado, a la fuerza o de forma voluntaria, no significa automáticamente que a las chicas en Sudán del Sur se las considere como 'niños soldado'. Como consecuencia de ello, muchas de las que han conseguido escapar o han sido desmovilizadas no están recibiendo ayuda bien por desconocimiento o bien porque no se considera que cumplan con los requisitos.

Así se desprende del estudio realizado durante el último mes por la ONG Child Soldiers International en Sudán del Sur, país inmerso desde diciembre de 2013 en una guerra civil en la que tanto el Gobierno como al menos tres grupos armados --que reconozca la ONU-- han hecho uso de niños soldado en sus filas.

Según las estimaciones del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), en total más de 19.000 menores han sido reclutados en estos casi cinco años, sin que esté claro cuántos de ellos eran niñas. No obstante, según resalta Child Soldiers International, de los 934 menores liberados este año, casi el 30 por ciento eran niñas, lo que daría una idea del alcance del problema.

La organización ha podido comprobar, a través de las 51 entrevistas realizadas a antiguas niñas soldado, miembros de comunidades y ONG, que en algunas zonas, especialmente en aquellas donde son las propias chicas las que se desmovilizan, estas menores no se están beneficiando del apoyo para la reinserción porque no se sabe de ellas o porque no se las considera como potenciales beneficiarias.

A nivel mundial, reconoce la ONG, existe la creencia cultural de que la implicación de las niñas en los conflictos armados es menos directa que la de los niños y por tanto a menudo no se las percibe como una amenaza para las comunidades como a los chicos, que suelen generar una mayor preocupación por su potencial violencia. Como consecuencia de ello, muchas niñas quedan fuera de los programas de reinserción.

Muchas de las chicas con las que ha hablado Child Soldiers International nunca tuvieron que combatir y en general realizaron labores domésticas como cocinar, limpiar o transportar material, roles todos ellos que las comunidades no asocian con formar parte de un grupo armado.

"ME ASIGNARON COCINAR PARA EL JEFE"

"Cuando llegamos nos dieron trabajo. A mí me asignaron cocinar para el jefe", cuenta Mary, que fue secuestrada por miembros de las fuerzas antigubernamentales cuando se dirigía al mercado en 2014. "Tenía que lavar sus ropas y cocinar para él", añade. "Me entrenaron para manejar la pistola pero nunca hice uso de ella", subraya.

En otros casos, las niñas fueron raptadas para convertirlas en 'esposas' de los combatientes y algunas fueron sometidas a abusos horribles, denuncia la ONG. "Cuando el comandante salía, los hombres nos obligaban a las chicas a dormir con ellos. No tenías otra opción", recuerda una chica de 16 años a las que las fuerzas de oposición raptaron en febrero de este año y consiguió huir tres meses después.

"Incluso después de tales experiencias muchas no son percibidas como 'niños soldado' por los miembros de las comunidades cuando regresan a casa y podrían no ser alentadas a buscar apoyo", lamenta la ONG, subrayando que es algo que ya se ha visto en otros países donde hay un elevado uso de niños soldado, como República Democrática del Congo (RDC) o Sierra Leona.

"Los niños de Sudán del Sur están entre los más perseguidos en este brutal conflicto; la explotación por los grupos armados sigue siendo una sorprendente realidad para miles", lamenta la directora de programas de Child Soldiers International, Sandra Olsson, que reconoce que el "clima hostil" al que se enfrentan las organizaciones humanitarias en el país dificulta las labores para la liberación y reinserción de estos niños.

LAS NIÑAS, AL MARGEN DE LOS PROGRAMAS DE REINSERCIÓN

"Sin embargo, existe un peligro real de que muchos niños, especialmente niñas, estén quedándose al margen de los programas de apoyo para menores vinculados con grupos armados", subraya. "Hay que hacer más para ayudar a las comunidades y a la sociedad civil para reconocer a estas niñas, y trabajar juntos para cambiar la narrativa en torno a las percepciones de un 'niño soldado'", defiende.

Al hacerlo, señala Olsson, "podemos garantizar que todos los niños reciben el apoyo adecuado y sostenido para mejorar su reintegración cuando vuelven a casa".

Con 10 años, Judith se unió al grupo rebelde liderado por David Yau Yau junto a su tía, su abuela y varios primos en 2014. "Todo el mundo quería a Yau Yau", señala. "Mi tía dijo que todos se iban a unir y que estaba bien ir y ayudar", recuerda, pero ella tenía "miedo todo el tiempo" el año que pasó con los rebeldes.

Una noche, las fuerzas gubernamentales atacaron su campamento y mataron a la prima de Judith, su marido y sus dos hijos. Fue entonces cuando la niña, su abuela y su tía decidieron escapar. Aunque volvió a su casa en 2015 y fue bien recibida por su comunidad, no ha sido hasta este año cuando Judith ha comenzado un programa de formación profesional gestionado por una ONG.

La identificación de niñas como Judith, que se han desmovilizado por su cuenta, es una "labor peligrosa y desafiante", reconoce Child Not Soldiers. La ONG ha considerado que la liberación en lo que va de año e casi un millar de niños soldado "es un paso positivo", al tiempo que ha reconocido que el apoyo a la reinserción que están ofreciendo el Gobierno, UNICEF y sus socios "está teniendo un impacto importante".

Igualmente, ha dado la "bienvenida" al acuerdo de paz firmado el pasado septiembre por el presidente del país, Salva Kiir, y el principal líder rebelde, el exvicepresidente Riek Machar, si bien ha dejado claro que "está por ver si llevará a un cambio tangible para los civiles en Sudán del Sur" aunque el hecho de que el país haya suscrito recientemente el tratado que prohíbe el uso y reclutamiento de niños soldados "indica un apetito por progresar".

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