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Redacción
Lunes, 8 de octubre de 2018

La violencia sexual incontrolada, origen del Nobel de la Paz del médico congoleño Denis Mukwege

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[Img #18446]El cirujano congoleño Denis Mukwege fue galardonado el pasado viernes con el premio Nobel de la Paz, 'ex aequo' con la activista yazidí Nadia Murad, por su trabajo a favor de las víctimas de violencia sexual en República Democrática del Congo (RDC), un país donde los conflictos armados se han multiplicado en el último año disparando este tipo de violencia.

Los alcances conseguidos en la lucha contra la violencia sexual como arma de guerra han sido neutralizados por los combates entre grupos armados y entre grupos armados y fuerzas de seguridad, así como por "un ambiente político inestable", alertó la Oficina del Representante Especial de la Secretaría General de la ONU para la Violencia Sexual en Conflictos en un informe publicado en abril.

De acuerdo con dicho informe, durante 2017 el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) reportó 5.783 casos de violencia sexual en las zonas afectadas por las hostilidades, más del doble que en 2016. Por su parte, la misión de la ONU en RDC (MONUSCO) verificó un total de 804 casos de violencia sexual, de los cuales 507 tenían a mujeres como víctimas, 265 a niñas, 30 a hombres y dos a niños.

"Todos somos conscientes de que la violencia sexual se está extendiendo en el país a causa de los numerosos, prolongados y recurrentes conflictos", ha dicho Fanny Buttigieg, delegada de salud mental y psicosocial del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) en RDC, en una entrevista difundida por la propia organización humanitaria.

En la provincia de Tanganyika, la percepción de discriminación de la etnia twa ha alimentado enfrentamientos cíclicos entre sus miembros y la milicia luba. En el transcurso de estos combates, los twa se han convertido en los responsables del mayor número de casos documentados de violencia sexual por parte de grupos armados no estatales, según Naciones Unidas.

Por otro lado, en las tres provincias de los Kivu la violencia sexual se ha desarrollado con "extrema brutalidad", ha apuntado la ONU. Los choques entre etnias y milicias rivales han degenerado en prácticas tabú que incluyen violaciones a víctimas delante de sus familiares, obligar a un miembro de una familia a violar a otro antes de que uno de los dos sea ejecutado o arrancar fetos a mujeres embarazadas.

Los abusos no se limitan a los grupos armados ilegales, sino que salpican también a las fuerzas de seguridad. "El hecho de que en 2017 los portadores de armas estuvieran detrás del 85 por ciento de los incidentes de violencia sexual en Kivu Sur no es una sorpresa, dada la significativa presencia de grupos armados opositores y de fuerzas regulares", ha comentado Buttigieg.

EL ESTIGMA DE LA VIOLENCIA SEXUAL

La cooperante del CICR ha recordado las graves consecuencias físicas y psicológicas que deja la violencia sexual en sus víctimas. Pueden contraer el VIH, quedar incapacitadas o tener un embarazado no deseado, a lo que hay que añadir depresión, insomnio, una baja autoestima y un miedo constante, sin contar con el estigma social.

También tiene un impacto perjudicial en las comunidades. "Me refiero al riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual que no son tratadas a tiempo, así como a la ruptura de la cohesión social debido al rechazo a la víctimas", lo que complica su reincorporación a la vida social y económica, ha indicado.

Frente a esta realidad surgen reacciones como la de Mukwege. En 1999 fundó el Hospital Panzi en Bukavu, capital de Kivu Sur, donde da atención especializada a las víctimas de violencia sexual. En sus casi 20 años de historia, ha tratado a más de 50.000 mujeres y niñas. En lo que va de 2018 ya han sido tratadas 2.077.

El CICR, por su parte, apoya una docena de centros que actúan de vínculo entre las víctimas, las comunidades, los servicios sanitarios y otras autoridades. Solo durante el año pasado, 2.175 víctimas se han beneficiado de sus servicios.

UNA OBLIGACIÓN DE LAS AUTORIDADES

Buttigieg se lamenta de que "no todas las víctimas buscan ayuda", a pesar de que deberían ser atendidas en un centro especializado en las primeras 72 horas tras la agresión para evitar mayores problemas de salud y denunciar el caso ante las autoridades pertinentes.

La experta del CICR ha recalcado que, si bien las organizaciones humanitarias o personas como el doctor Mukwege pueden ayudar, "la primera responsabilidad es de las autoridades, todas las autoiridades --civiles, militares o políticas--".

"El Estado y sus representantes tienen la obligación de proteger a sus ciudadanos y garantizar su bienestar psicológico y su seguridad física", ha enfatizado. "Es una tarea descomunal", ha admitido, pero "creemos que las víctimas pueden escapar de esta violencia".

Mukwege, que ha dedicado el premio a todas las mujeres y niñas víctimas de violencia sexual, ha confiado en que este galardón sirva para que "el mundo ya no espere más para actuar con determinación y fuerza para ayudaros, porque la supervivencia de la Humanidad depende de vosotras".

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