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Viernes, 14 de diciembre de 2018
Última actualización: Jueves, 13 de diciembre de 2018 21:28
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Elsa Fuente

No es efecto llamada, sino efecto expulsión

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En el mundo hay 50 millones de niños y niñas desarraigados, viviendo fuera de sus hogares o países. La mayoría de ellos (28 millones) lo han hecho huyendo de la violencia y la guerra. Más que de “efecto llamada”, hay que hablar de “efecto expulsión”: han huido de la pobreza extrema, de la falta de oportunidades, de salud y de educación y buscando un lugar seguro para vivir.

En este momento, en Europa y en el estado español el número de niños y niñas migrantes es relativamente bajo comparado con el contexto mundial y con los desplazamientos que se producen entre países en vías de desarrollo, pero no por ello menos preocupante: se enfrentan a terribles amenazas y cada vez llegan más niños y niñas solos, sin personas adultas que les protejan.

Es cierto que las llegadas al estado español están aumentando por distintos factores, entre los que se encuentra el aumento de las barreras para llegar a Italia, que había sido la primera puerta de entrada a Europa. Sin embargo, la verdadera crisis que se ha producido en Europa, es una crisis de respuesta. No ha sido capaz de proteger correctamente a los niños y niñas migrantes y refugiados, pero aún existe la oportunidad de hacer las cosas mejor, y evitar errores pasados. Las migraciones hacia Europa requieren una respuesta del conjunto de la UE, en la que los derechos humanos estén en el centro. No se puede tener una política migratoria únicamente basada en el control migratorio.

La situación de los niños y niñas extranjeros no acompañados (niños y niñas que se encuentran en otro país sin la compañía de sus progenitores ni de otros adultos que sean responsables de ellos) es uno de los temas migratorios más delicados a los que nos enfrentamos. No sabemos con exactitud cuántos son, porque los datos oficiales (6.456) son incompletos, pero sí sabemos que su número está creciendo sustancialmente. El número de niños y niñas extranjeros no acompañados que son tutelados por las Comunidades Autónomas ha aumentado un 62% entre 2015 y 2017.

Son vulnerables porque son niños y niñas, menores de edad, están creciendo, aprendiendo y aún no tienen las herramientas que tiene una persona adulta para enfrentarse a determinadas situaciones.  Son vulnerables porque, además, están solos, sin nadie que les proteja. Y es el Estado quien debe asumir el rol de protegerles y velar para que el interés de cada niño y niña sea tenido en cuenta. 

La gravedad de la situación reside en el hecho de que nuestros sistemas de acogida y protección están saturados y que no estamos siendo capaces de proteger a estos niños y niñas adecuadamente como niños y niñas que son.

El mensaje de UNICEF como organización defensora de los derechos de la infancia no es otro que recordar lo que pide la Convención sobre los Derechos del Niño: el estado debe garantizar la correcta atención y protección a todos los niños y niñas que llegan a nuestras fronteras – solos o acompañados -, y debe hacerlo conforme a los estándares internacionales. Además, esta protección debe aplicarse a todos los niños y niñas, lleguen a la comunidad autónoma que lleguen y lo hagan por la vía que lo hagan, sea marítima o terrestre. No hay diferencia. Y la responsabilidad no está solo en mano de las autoridades, la sociedad también tiene un papel que jugar, ya que muchos son discriminados y no se facilita su integración social en los barrios, colegios/institutos y allí donde van a desarrollar su vida diaria al margen de las instituciones.

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