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Tinixara Guanche

Las personas, en el centro. Es lo mínimo, por Tinixara Guanche

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[Img #17905]Cuando llegué a vivir a Euskadi hace ya más de 11 años y conocí su sistema de protección social me sentí orgullosa de poder ejercer como trabajadora social en un lugar en el cual, desde lo público, se invertía en las personas.

 

En aquel momento, cuando una persona en situación de extrema vulnerabilidad o exclusión estaba en la calle, encontrábamos camino en un plazo de tiempo razonable, entendiendo que nunca es tolerable que nadie viva en la calle. En 6 meses, las personas podían acceder a ingresos económicos que, con más o menos dificultades, les podían ayudar a ir saliendo de la terrible situación que estaban viviendo. Los ingresos económicos no son el fin, no hay duda, pero sí son una herramienta imprescindible para poder proveer y acompañar a las personas hacia la inclusión social.

 

Las personas que en aquel entonces necesitaban una mano, la tenían, y con su esfuerzo titánico, ellas y ellos podían contar con un horizonte alcanzable.

 

11 años después si una persona está en esa misma situación, ya puede tener fe y esperanza pero sobre todo, aguante. Porque esos 6 meses, hoy en 2018 se han convertido en 4 años, mínimo y suponiendo que todo encaje y la persona, los recursos y la situación no se desvíe un ápice. 4 años de exclusión social severa, 4 años de dolor y de acarrear consecuencias que, por prolongadas en el tiempo, serán posiblemente irreparables.

 

En 11 años la protección social en Euskadi se ha debilitado, en 11 años nosotras, todas, nos hemos debilitado como sociedad.

 

Avishai Margalit dice que “una sociedad decente, es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros”. Estamos asistiendo, impasibles, al desmantelamiento del Estado de Bienestar, a la ruptura con la decencia de las instituciones públicas ¿permitiremos que esa decencia se diluya también la sociedad? Euskadi y sus gentes son un ejemplo de solidaridad, de implicación, de lucha y de justicia social. Y así debe de seguir siendo. Pero para ello, todas, también las instituciones, deben comprometerse a avanzar.

 

Nadie cuestiona que la RGI debe de ser reformada. En 2008 cuando se creó, no existían las personas que aun trabajando, están en la pobreza, los índices de paro y de desigualdad eran mucho más bajos que ahora y el horizonte de futuro, muchos más esperanzador para todas y todos. Pero sí cuestionamos el camino que se propone desde el Gobierno para ese cambio.

 

El control sobre la Renta de Garantía de Ingresos, o la sostenibilidad del sistema de protección social no pueden ser elementos de mayor importancia que la protección de las personas. El sistema de protección debe apoyar, y poner en el centro a las personas. Y controlar el dinero público, sin duda, y ser sostenible. Pero ese control y esa sostenibilidad debe aplicarse e implementarse a posteriori de la protección y nunca, a pesar de ella.

 

Tenemos un reto y una responsabilidad inmensa. Recordemos que hablamos de algo que afecta a más de 100.000 personas en Euskadi. Sobre esa premisa, debemos elegir hacia donde caminar. En Elkarrekin Podemos lo tenemos claro. Ni un paso atrás en la defensa del bien común. Ni un paso atrás en la defensa de quien necesita, ni un paso atrás en blindar los derechos sociales de la ciudadanía.

 

 

 

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