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Sara de la Rica

Reflexiones sobre la RGI, por Sara de la Rica

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[Img #17871]La Renta de Garantía de Ingresos se introduce en el País Vasco en 1989, con el denominado Plan Integral de Lucha contra la Pobreza. El objetivo para el que fue creada es garantizar a los hogares ingresos suficientes como para satisfacer las necesidades básicas. Se entiende que la Renta Mínima es un sistema de último recurso y, por lo tanto, se exige que se hayan solicitado y agotado previamente todas las demás ayudas a las que se tiene derecho. En principio, la RGI es compatible con otros ingresos (ayudas o salarios) de cualquier miembro de la unidad de convivencia, siempre y cuando no superen el umbral establecido de ingresos que emancipa a dicho hogar de la percepción de la RGI.  Aproximadamente el 5,8% de la población residente en el País Vasco es perceptora de la RGI.

 

La RGI se otorga a unidades de convivencia, y para determinar la cuantía a otorgar a aquellos que cumplen los requisitos para ser perceptores, se definen ocho tipos de unidades familiares, en función de su composición en cuanto al número de adultos, hijos, personas retiradas y de si las unidades familiares son o no monoparentales. El tipo de unidad con mayor incidencia de perceptores de la RGI es monoparental con dos o más niños  - el 42% de ellos reciben la RGI. Por el contrario, sólo el 1,6% de las unidades familiares con tres o más personas, al menos una persona jubilada son perceptores de esta ayuda.

 

Quisiera realizar dos reflexiones que se derivan de sendos trabajos empíricos que hemos llevado a cabo sobre la RGI vasca. La primera se refiere a la eficacia de la RGI en su cometido de paliar la pobreza.  En un estudio de próxima aparición en Papeles de economía Española, encontramos que la RGI tiene un impacto sustancial en la reducción de la misma. No la erradica por completo, pero resulta ser enormemente eficaz. Quedan sin embargo algunos tipos de hogares, en particular los más grandes,  que incluso siendo perceptores de la RGI, siguen quedando por debajo de la extrema pobreza según los estándares internacionales. Para evitar este efecto, propongo una modificación en la definición del umbral de pobreza, que consiste en computar a todos los miembros de la unidad familiar siguiendo un criterio de pobreza internacional, es decir, utilizando la escala de la OCDE equivalente modificada. Esta escala asigna un valor de 1 al primer miembro del unidad familiar, 0,5 a cada adulto adicional y 0,3 a cada niño menor de 14 años. De esta manera, la RGI trataría de modo más igualitario a los diferentes tipos de hogares que en su tratamiento actual lo cual llevaría a una erradicación de la pobreza casi total.

 

Una segunda reflexión, derivada de un segundo estudio (acceda al estudio completo aqui), se refiere a la importancia de vincular la RGI, que es una política pasiva, con políticas activas de empleo - orientación, formación e intermediación. El estudio confirma que la activación produce un efecto positivo notable para los receptores de la RGI. Sin embargo, sólo el 40% de los mismos recibe algún tipo de medida de activación. Sería necesario que la activación laboral llegara a TODOS los parados perceptores de la RGI, pues este colectivo precisa de manera muy especial de mecanismos de orientación integral, que van desde la orientación inicial y diagnóstico de la formación que cada persona precisa, a la implementación de dicha formación y finalmente a la intermediación para su eventual vuelta al mercado laboral, a ser posible, mediante la emancipación total de la RGI.  Esta activación laboral no es, ni mucho menos fácil de acometer, ni asegura a las personas que la reciben una vuelta al mercado laboral. Las dificultades consisten en primer lugar, en la dificultad de detectar aquellos perfiles profesionales más demandados por las empresas; en segundo lugar, en seleccionar adecuadamente las personas desempleadas para cada tipo de formación, y en tercer y último lugar, en ofrecer la formación realmente requerida. Hacen falta instituciones laborales que sean capaces de solventar estas dificultades, que no son menores. Y además, es necesario acompañar las acciones de activación laboral con la continua y correcta evaluación de las mismas, para conocer qué tipo de activación es más efectiva para la salida hacia un empleo. Pero es el único camino para que quienes perciben hoy la RGI dejen de percibirla por haber podido salir del umbral de la pobreza gracias a una integración plena y digna en el mercado laboral.

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