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Manfred Nolte

Corrupción percibida

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La reciente publicación del ‘Índice de la percepción de la corrupción 2017’ nos da pie para formular algunas reflexiones en torno al candente tema de la percepción de la corrupción en España. Su autor es ‘Transparencia Internacional’ (TI), una coalición de ONGs de desarrollo presente en más de 100 países que produce  un informe sobre la materia desde el 2000. El índice, que clasifica 180 países según los niveles percibidos de corrupción en el sector público por parte de expertos y empresarios de cada país, usa una escala de cero a cien, donde cero es altamente corrupto y cien totalmente transparente.

Empezando por las conclusiones globales, en 2017 el índice muestra que casi un 70% de los países suspenden en percepción de la corrupción. Los percibidos como menos corruptos son Nueva Zelanda y Dinamarca. Siria, Sudán del Sur y Somalia figuran en los últimos lugares. Por regiones, Europa Occidental lidera con una puntuación promedio de 66, mientras que en la cola se hallan África subsahariana, Europa oriental y Asia central.

Si analizamos la evolución de España desde el año 2000 hasta el 2017 verificamos su empeoramiento notable en el ranking mundial, al haber  pasado del lugar 20 al 42, (70 a 52 puntos), lo que define a nuestro país como el de peor trayectoria en la percepción de corrupción en Europa. España es junto a Hungría y Chipre el país que más se deteriora. De figurar en el puesto 13 de la UE hemos pasado al 20.

Las razones de esta evolución tan decepcionante son múltiples y complejas, pero en cualquier caso la corrupción es un síntoma de una enfermedad grave: el fracaso de las Instituciones en cumplir su alto contenido democrático, cuyo resultado es una deficiente gestión de los recursos públicos, camuflada en políticas y prácticas gubernamentales cínicas, espurias o simplemente ilegales. El foco siempre estará en la combinación en una impecable gobernanza y en la existencia de una sana responsabilidad colectiva.

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