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Koldo Campo
Sábado, 28 de abril de 2018 | Noticia leída 96 veces

Cuando el sentido común sale por la puerta, la indignación entra por la ventana

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El problema no es que nos hayamos perdido detalles argumentativos que nos impidan comprender la sentencia contra la Manada. Es cierto que muchos ni hemos estado presentes en el juicio ni tenemos los suficientes conocimientos legales, pero algo sí atesoramos: sentido común.

 

Sé que los juicios paralelos pueden generar una percepción errónea de la realidad y que pueden “anticipar” entre los ciudadanos sentencias que luego no se corresponden con la verdad judicial, pero con este caso no estamos ante una opinión formada por una información sesgada ni por una disquisición técnica sobre la literalidad de la ley sino sobre la interpretación que hacen los jueces de cuestiones como la violencia y la intimidación.

 

Cinco tipos como torres, atosigando a una joven en el rincón de un portal, sometiéndola según reconocen los jueces a once penetraciones, no parece que sea una situación en la que no exista una imposición forzosa hacia la víctima. Y lo verdaderamente incomprensible es que la sentencia recoja una descripción que a todas luces cualquier lego asociaría con una violación, cuanto menos intimidatoria: “La denunciante sintió un agobio y desasosiego que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera, manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados”.  

 

El problema es que la ley presenta algunas lagunas tan despreciables como alarmantes, porque es que no considera que el sexo sin consentimiento sea una violación. Esta indignante situación traslada un mensaje desolador porque acepta el hecho de que alguien imponga su voluntad sobre la mujer. Además, que si ésta quiere rebelarse, tiene que hacer que el agresor emplee la fuerza contra ella, que le deje secuelas apreciables, y así poder demostrar que se ha cometido un delito, porque, si no reacciona, si el miedo la paraliza, un juez puede interpretar que el que calla otorga.

 

Es cierto que son contados los países que contemplan la figura de que existe violación cuando no hay consentimiento. Algunos lo están debatiendo, pero ya Naciones Unidas instaba a los estados a armonizar su legislación sobre la violación para que definan como tal la ausencia de aceptación de relaciones sexuales. Sin esa categorización, cuando llegan sentencias como la de Pamplona se puede entender que el mensaje que se traslada a la víctima es que la culpa de que esa manada de bestias, no sea considerada como tal, es porque ella no se opuso fehacientemente. Esto puede provocar que otras mujeres en situaciones similares acaben por no denunciar porque no está claro que las crean y pueden terminar expuestas a un calvario judicial y mediático, es decir, a una revictimización.

 

Sé que no se puede legislar ni juzgar con las tripas, pero tampoco se puede legislar y juzgar de espaldas al sentido común y a la sociedad. De ahí la indignación.

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