Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Rosa Martínez

Dos mega-proyectos y un modelo energético

Guardar en Mis Noticias.

En la actualidad hay dos grandes infraestructuras eléctricas proyectadas en Bizkaia: la línea de alta tensión Güeñes-Itxaso y la interconexión con Francia vía cable submarino entre Gatika y Cubnezais. Dos proyectos con más relación de lo que parece, con grandes impactos en el territorio y unas previsiones de inversión desorbitantes, de 70 y 1.800 Millones de euros respectivamente, que han movilizado a los municipios afectados pero que deberían preocuparnos a todas las personas que pagamos la factura de la luz.

 

Existen muchas dudas en cuanto a su necesidad, viabilidad y rentabilidad. Dudas que son legítimas, porque si algo tenemos en nuestro en haber son infraestructuras millonarias que han resultado un fiasco y que pagamos entre toda la ciudadanía: desde el AVE, autopistas y aeropuertos vacíos al almacén Castor ¿puede ser el proyecto de cable submarino el Castor vasco?

 

El gobierno argumenta la necesidad de esta infraestructura desde el punto de vista energético con ideas generales sin dar ni un solo dato, ni mostrar cálculos que apoyen los supuestos beneficios para el sistema eléctrico ni para Euskadi. Un proyecto de estas características exige máximo rigor y transparencia en la toma de decisiones, pero esto no está siendo así. A día de hoy, no se ha hecho público ningún análisis de coste –beneficio ni económico ni energético. Sin embargo, sí hemos podido leer, en los dos únicos informes a los que tras muchos esfuerzos hemos tenido acceso (uno de la CNMC y otro de la Comisión Europea), que hay un elevado riesgo de sobrecoste por el gran desafío tecnológico que supone la perforación marina.  ¿Saben quién va a pagar la mayor parte del proyecto y sus sobrecostes? Exacto, las personas consumidoras vía de la factura de la luz.

 

Una decisión de este tipo, por la inversión que supone y por sus implicaciones directas en el precio de la electricidad, debería ser un ejemplo de transparencia. Tanto en lo relativo a la falta de información y datos que la avalen, como al estudio y consideración de otras alternativas menos costosas como a la toma de decisiones nada está claro en este proyecto. Aún no he conseguido dilucidar si la idea de perforar 380 kilómetros bajo el mar para conectar la central nuclear de Blayais con lo que queda de Lemoiz es iniciativa de la Comisión Europea, del gobierno, de la CNMC, de Red Eléctrica o de sus homólogos franceses. Y por lo tanto, a quién podemos pedir cuentas la ciudadanía.

 

Pero es que además, la construcción de este megaproyecto se produce en un momento en el que el debate sobre qué modelo energético queremos está encima de la mesa. Y la construcción de estas mega-infraestructuras, tanto el cable submarino de Gatika como la línea Güeñes-Itxaso, decantan la decisión y apuntan a un modelo centralizado y controlado por grandes empresas, es decir, el mismo que tenemos pero en versión supuestamente más renovable.

 

Cuando el modelo hacia el que deberíamos avanzar, por ser más eficiente, más justo y porque la tecnología ya lo permite, es a uno distribuido, con nuevos actores que generen y distribuyan (personas, PYMES, cooperativas, municipios) y que contribuyan a democratizar la energía a día de hoy en manos de oligopolios y monopolios que cotizan en bolsa.

 

El debate en torno a estos dos grandes proyectos energéticos en Bizkaia debería ser una oportunidad para abrir otro debate mayor y pendiente aún en Euskadi: el de la transición energética. Con un porcentaje de renovables muy por debajo de la media de España y con un gobierno vasco que apuesta decididamente por las energías sucias,  que se encuentra muy cómodo con grandes infraestructuras y apoyando los intereses de grandes empresas, la transición energética es uno de los grandes debates pendientes en Euskadi.

 

Desde la defensa del territorio y la denuncia de las consecuencias directas que las grandes infraestructuras tienen en la calidad de vida de las personas que viven en los municipios afectados, ampliemos el debate. Tengamos claro que, estos proyectos van a condicionar nada más y nada menos que el modelo energético europeo, español y vasco, con todas las implicaciones sociales, económicas, climáticas y democráticas que eso supone.

 

Seguiremos trabajando por la transparencia y el acceso a la información que rodea a estos proyectos, para que la ciudadanía vasca y las personas afectadas, puedan tomar parte en este debate con conocimiento y con una perspectiva crítica. Porque hasta ahora, ninguna de las explicaciones dadas, sin ningún dato que las respalde, son suficientes para justificar una inversión de 1.800 millones de euros que vamos a pagar entre todas.

Begirada • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress