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Will Higginbotham
Lunes, 12 de febrero de 2018

Conflicto tóxico sin fin en Iraq

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[Img #17398]El olor a tragedia en el Iraq devastado por tres décadas de conflicto armado impregna también al ambiente, víctima olvidada entre tantas personas muertas, heridas o desplazadas.

Mientras que el ambiente se ha degradado debido al conflicto, en los últimos años su situación ya crítica se vio exacerbada por el accionar del grupo extremista Estado Islámico (EI).

“Donde sea que haya estado el EI hay una enorme destrucción ambiental, acarreando amenazas sanitarias potencialmente importantes para el público”, dijo Wim Zwijnenburg, investigador en la organización no gubernamental holandesa PAX.

En los últimos dos años, PAX usó imágenes satelitales públicas, así como redes sociales e investigaciones de campo para rastrear los daños ambientales y los riesgos que conllevan para la salud pública en el norte de Iraq.

Las conclusiones son expuestas en el informe “Living Under a Black Sky: Conflict Pollution and Environmental Health Concerns in Iraq” (Viviendo bajo un cielo negro: La contaminación derivada del conflicto y las preocupaciones de salud ambiental en Iraq), presentado en diciembre.

El reporte se centra particularmente en la destrucción de refinerías petroleras a manos del EI, sello de la organización extremista y a la vez parte de su estrategia de arrasar todo lo que pudiera serle útil al enemigo.

En 2014, miembros del EI tomaron el yacimiento petrolero de Qayyarah y la refinería de Baiji. Esta última es la mayor del país, y genera más de un tercio de la producción interna iraquí de petróleo. En ambos casos, las fuerzas iraquíes recuperaron las instalaciones, pero para entonces el EI ya había prendido fuego a los pozos del combustible a medida que se retiraba.

“Cuando estuvimos allí, todavía había petróleo ardiente que manaba de los pozos”, relató Zwijnenburg a propósito de su visita a la región de Qayyarah el año pasado.

“Yo quería recorrer para ver más, pero tuve que usar una máscara antigás porque ya se podía sentir cómo el humo afectaba a los pulmones”, continuó.

“Vimos lagos que estaban llenos de crudo solidificado, que se habían derramado de los pozos, y había ovejas blancas cubiertas de hollín negro. Fue surrealista y apocalíptico”, agregó.

En cada uno de estos ataques, la amenaza a la salud pública es sustancial.

“Los incendios (de estos pozos petroleros) ardieron durante meses, liberando enormes cantidades de residuos tóxicos en el aire que inhala la población del área”, dijo Zwijnenburg a IPS. “Algunas personas no se fueron, otras no se pueden ir, otras están volviendo”.

En el caso de Qayyarah, el Ministerio de Petróleo iraquí estima que el fuego emitió unos 20.000 metros cúbicos de gases contaminantes que todavía no han sido limpiados.

En abril de 2017, el equipo de PAX, en conjunto con ONU Medio Ambiente, llevó a cabo una investigación con una veintena de mujeres de las comunidades locales afectadas, sobre sus preocupaciones en torno a la contaminación petrolera en Qayyarah.

Una de las participantes manifestó su preocupación por las consecuencias sobre la salud a través de distintas generaciones.

“La población local viene padeciendo quemaduras, deformaciones e incontables casos de discapacidad. Los genes humanos también se ven afectados por el uso de armas químicas y los incendios de pozos petroleros y remanentes militares. Las mutaciones genéticas generarán más defectos congénitos”, alertó.

Aparte de la contaminación derivada del petróleo, el informe de PAX también pone de relieve los riesgos para la salud humana que conlleva el llamado “daño urbano”. Ess decir, las peligrosas cantidades de químicos tóxicos que se desprenden de sitios industriales destruidos y de abandonados depósitos de armas.

Mosul padece una contaminación generalizada con bifenilo policlorado, debido a los daños infligidos a la red eléctrica de la ciudad.

Asimismo, ésta registra una amplia contaminación con sulfuro, vestigio de el ataque perpetrado por el EI contra un depósito de 50.000 toneladas de la toxina. El atentado explosivo emitió a la atmósfera seis millones de toneladas de la sustancia, dejando 20 muertos y cientos de hospitalizados.

Estas preocupaciones ambientales no sorprenden, ya que incluso antes del conflicto con el EI Iraq había recibido la denominación de país más contaminado del mundo.

También continúa experimentando altos niveles de radiación y el flujo de otras sustancias tóxicas en su ambiente, todo esto a consecuencia de conflictos previos, como la Guerra del Golfo.

La pregunta es: ¿cómo limpiar la región?

“Iraq es un desastre ambiental”, expresó por escrito a IPS el embajador iraquí en Nairobi, Zaid Noori. El gobierno nacional necesita ayuda para limpiar las áreas afectadas, dijo.

“El gobierno está haciendo todo lo que puede para remediar la situación, pero debido a la envergadura de los daños y la contaminación Iraq busca apoyo y asistencia de la comunidad internacional y de las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para garantizar un ambiente limpio y habitable a los civiles que residen en las áreas liberadas”, agregó el diplomático.

De modo similar, el informe de PAX señaló que probablemente Iraq no podría limpiar la contaminación y manejar las consecuencias sanitarias solo.

“Realmente tiene que ser un esfuerzo internacional”, dijo Zwijnenburg. “Los estados deberían comprometerse yaportar financiamiento y pericia a agencias relevantes de la ONU, como ONU Medio Ambiente, ONU Habitat y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, todas las cuales trabajan con el gobierno iraquí”.

Actualmente, ONU Medio Ambiente concentra buena parte de sus esfuerzos en Mosul, dedicándose a la limpieza del “daño urbano”.

Sin embargo, no hay ningún esfuerzo internacional por limpiar las contaminación petrolera de la región.

Erik Solheim, titular de la agencia ambiental de la ONU, dijo a IPS que es lamentable que no se esté tomando más seriamente las tareas de recuperación ambiental en los esfuerzos de reconstrucción.

“Éste es el momento para que los donantes hagan esa inversión”, enfatizó.

Zwijnenburg coincidió. “Desastres ambientales como éste no siempre son la principal prioridad en materia de recuperación”, sostuvo.

“Las personas que viven aquí lo saben, y les preocupa que, al apagarse los incendios, con el paso del tiempo su causa sea olvidada”, agregó.

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