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Elsa Fuente
Sábado, 6 de enero de 2018

2018: nuevo año para la esperanza

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La tendencia del ser humano a hacer balance suele venir acompañada del estreno de un nuevo año. El tradicional cambio de agenda y cierre de la última página del año que ha terminado nos puede volver nostálgicos, analíticos o críticos con los propósitos no cumplidos. Desde UNICEF hemos peleado un año más por un mundo en el que no seamos necesarios. Un mundo más justo y equitativo donde no haya un solo niño ni niña que sufre. Este 2018 seguiremos luchando por conseguirlo.

 

Desgraciadamente, mientras haya situaciones de desigualdad, generadas por conflictos o desastres humanitarios, donde los niños y niñas ven lastrado su futuro, desde todas las sedes de UNICEF seguiremos levantando nuestras persianas.

 

Cuando hablamos de conflictos no podemos evitar nombrar la Guerra de Siria. 2017 empezó con la conjura global y el ferviente deseo de acabar de una vez por todas con un conflicto bélico que había cumplido 6 inviernos. Ya son 7 y sigue habiendo 6 millones de niños y niñas afectados por desnutrición y otros males propios de un estado de violencia permanente.

 

En Yemen también saben lo que es vivir bajo una constante amenaza. Las armas son solo una tercera parte de los peligros a los que se enfrentan los yemeníes. El hambre y el cólera son las otras dos. Los hospitales abarrotados de niños y niñas enfermas obligan a la comunidad internacional a adoptar medidas para la prevención del cólera. Mediado 2017 ya había más de 300.000 personas afectadas, de los cuales, un 50% eran niños y niñas. Dos tercios de la población sobrevive sin acceso a agua potable debido a la intensificación de la violencia y las restricciones a la importación de combustible, que afecta de manera considerable a las labores de extracción y bombeo de agua y a su transporte por carretera, disparando su coste hasta en un 600% en algunos lugares.

 

Pero sin duda si hablamos de conflictos con grave perjuicio para las vidas humanas este 2017 hay que desplazarse a la frontera entre Myanmar y Bangladesh donde la comunidad internacional ha conocido a los “rohingyas” un pueblo milenario y castigado a lo largo de su historia, que sin embargo, ha tenido que esperar hasta el 2017 para sufrir su mayor crisis. Perseguido por las autoridades birmanas, los “rohingyas” han sido protagonistas de un triste record: el de la emergencia de refugiados que más rápidamente se ha desarrollado en la historia, con más de 500.000 personas huidas en mes y medio.

 

El acceso a servicios básicos como el agua y saneamiento (WASH por sus siglas en inglés) siempre ha sido elemento central de la labor humanitaria de UNICEF. Bien sea por conflictos bélicos –como los anteriormente mencionados- o por desastres naturales, millones de niños y niñas en todo el mundo tienen un acceso limitado a los mismos. A lo largo del 2017 UNICEF ha detectado que existen 2.100 millones de personas que no disponen de agua gestionada de forma segura y 844 sin acceso a servicio básico de agua potable. El azote del clima en lugares como el Lago Chad (Nigeria, Camerún, Níger y Chad), Etiopía o Burundi vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de un cambio de paradigma en nuestra relación con el planeta. “Los niños y las niñas son los principales afectados por el cambio climático”, tal y como recogía el informe El impacto del cambio climático en la infancia en España elaborado por UNICEF Comité Español este pasado 2017. Haití y el huracán Matthew; México y sus dos terremotos; Cuba y la República Dominicana y el huracán Irma…han sido algunos de los lugares que han requerido la rápida intervención de UNICEF a lo largo del 2017.

 

Pero entre tanto nubarrón hemos podido ver el sol. Nos sentimos especialmente orgullosos de hacer lo que hacemos y de ser capaces de generar cambios reales en la vida de los niños y niñas. Entre los muchos hitos que hemos logrado gracias a personas voluntarias, socias, empleadas o colaboradoras; hemos podido detener momentáneamente la hambruna en Sudán del Sur, hemos llevado agua potable a miles de personas en Mauritania aplicando la innovación en forma de paneles solares, hemos transmitido la importancia de la educación como la vacuna más eficaz contra la pobreza en Bolivia, hemos asesorado a distintos gobiernos en la elaboración de leyes que defiendan a los niños frente a la trata y hemos dado apoyo a las instituciones de Uganda para erradicar la Mutilación Genital Femenina. Además, también en la República Centroafricana, el país del que nadie habla, hemos contribuido a liberar a más de 4.500 niños y niñas soldado o a 700 de las milicias en República Democrática del Congo; en Siria hemos vacunado a más de 2,7 millones de niños y niñas contra la polio y hemos conseguido que más de 1,2 millones sigan estudiando; en Nigeria, hemos tratado a más de 178.000 niños y niñas contra la desnutrición aguda grave.

 

Esta ha sido apenas una muestra de los importantes logros que hemos conseguido este pasado año. Nos espera un 2018 cargado de energía positiva. Las puertas de UNICEF seguirán abiertas. Algún día las cerraremos. Ese día ningún niño ni niña sufrirá más y el planeta será un mejor lugar para todas las personas.

 

Elsa Fuente, coordinadora de UNICEF Comité País Vasco

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