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Redacción

25N, ¡basta de violencia contra las mujeres!

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La violencia sexual e intrafamiliar es una emergencia médica que destroza brutalmente la vida de hombres, mujeres y niños. Destruye familias y daña a comunidades enteras en un círculo que de no romperse continúa de generación en generación. El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una de las formas más extremas de discriminación que ocurre en todas las sociedades, pero que en los contextos de conflicto y crisis donde Médicos Sin Fronteras (MSF) actúa, incrementa la vulnerabilidad de mujeres y niñas.


Los conflictos son sinónimo de caos, aún más para las mujeres que sufren las consecuencias de estos. En muchos lugares no tienen acceso a asistencia médica especializada, nadie que atienda sus lesiones, heridas y traumas, ni prevención, ni mucho menos apoyo.


En 2016, MSF atendió a 13.800 pacientes por lesiones derivadas de violencia sexual. Entre los cuidados que ofrece la organización están los tratamientos preventivos contra infecciones de transmisión sexual (VIH, sífilis, gonorrea, etc.), vacunaciones contra el tétanos y la hepatitis B, cirugías reconstructivas y la prevención de embarazos no deseados, entre otros.


Aunque en ocasiones el miedo y la vergüenza evitan que muchas mujeres acudan a las clínicas y hospitales, una vez allí los equipos de MSF curan, cosen, vacunan e incluso ofrecen apoyo psicológico; pero ciertas heridas son más difíciles de cerrar, y dejan cicatrices que no se pueden ignorar.


La violencia contra las mujeres estigmatiza y tiene consecuencias a largo plazo, tanto en la vida de las mujeres y sus familias, como en la comunidad. En tiempos de conflicto, la violencia de género y sexual es utilizada para humillar, castigar, controlar y atemorizar a pueblos enteros. En muchos casos los perpetradores son los mismos que deberían ofrecer protección, pero en lugar de eso instrumentalizan a las mujeres para humillar a sus maridos y familias, que acaban repudiándolas y castigándolas por partida doble.


Mientras esta situación no cambie, lo más urgente es que estas mujeres puedan recibir asistencia inmediata tras sufrir una agresión. En caso de una violación sexual, la atención médica rápida puede ser decisiva a la hora de prevenir graves consecuencias: el tratamiento para prevenir la infección por VIH debe iniciarse dentro de los tres primeros días, la contracepción de urgencia es posible dentro de los cinco primeros días tras la agresión.
Además, el acompañamiento y la atención psicosocial pueden ayudarles a continuar con sus vidas y no definirse únicamente como víctimas. Un asesoramiento a tiempo puede impedir o paliar que desarrollen depresiones, ansiedad, episodios psicóticos o trastornos de estrés postraumático.


Todas las mujeres, en todas partes, tienen derecho a una vida libre de violencia y en igualdad. El primer paso para conseguirlo es educar y prevenir. Ni el 25 de noviembre ni ningún otro día aceptaremos que se siga atacando a las mujeres. Mientras se alcanza la igualdad, MSF trabaja para que las que son atacadas no se encuentren abandonadas y desatendidas. La atención médica es un punto crítico entre tener una sociedad llena de víctimas, o una de supervivientes.

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