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Elsa Fuente

¿Cuánto vale un vaso de agua?

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Los recursos naturales fijan su precio en función del mercado, de la disponibilidad, de la demanda. Un bien natural puede ser la indisimulada justificación de una sociedad para iniciar un conflicto de impacto impredecible o puede ser el objeto de disputa territorial en la que se gana terreno palmo a palmo. La gestión de un bien natural puede hacer inmensamente rico a un país o, lo contrario, tan desafortunado que tan solo tiene abundancia de eso mismo que otros ansían. En torno a bienes naturales se han creado unas leyes y se han abolido otras.; han caído gobiernos en las urnas y otros, a la fuerza; han movilizado a las calles y han sacudido alfombras. Sin contar con el posterior proceso industrial que altera un recurso natural y lo convierte en un objeto mucho más valioso.

 

Seguro que todo lector o lectora que haya llegado hasta este punto piensa en el petróleo. ¿Y qué pasa con el agua? Claro, el agua no es bien natural. El agua es un derecho.

 

UNICEF se ha unido a la Semana Mundial del Agua para sensibilizar sobre su vital importancia, su correcto uso y su eficiente gestión. Nuestro cuerpo humano está formado mayoritariamente por este líquido elemento y un 70% del planeta está cubierto de agua. En los países industrializados podemos encontrar agua de forma rápida, segura y económica. El agua está en todas partes y en ocasiones, hasta en abundancia. Eso parece, pero lo cierto es que en el mundo 2.100 millones de personas carecen de acceso a agua potable.

 

Nosotros hemos sido educados en la economía del “cierra el grifo mientras te lavas los dientes”, “dúchate en lugar de bañarte” o sencillamente “¡no derroches agua!”. Los países industrializados, sin embargo aún tenemos un enorme debe entre nuestras cuentas pendientes con el planeta: el cambio climático. 

 

Pero, ¿cómo explicar a un niño o niña que el cambio climático puede acabar con el lago en el que ha nacido y con el que ha convivido en su corta vida? Lo han hecho nuestros compañeros de UNICEF en Chad. Se lo contaron a Aïta Abakar, de 8 años. Su respuesta, cargada de preocupación e inocencia fue “pero…nos moriremos de sed y no habrá más peces”. Porque el agua no solo hidrata y cumple una función esencial para el organismo humano. El agua da vida a otras vidas. Hace crecer a las verduras y los cereales y mantiene en óptimo estado de salud al ganado. Es triste y paradójico comprobar que en este mundo, en un tiempo, unos se verán obligados a desplazarse porque el agua ha inundado su casa y otros, porque no tienen para beber.

 

Esta semana UNICEF ha querido poner el foco en una de sus objetivos: agua y saneamiento para todos los niños y niñas. El agua equivale a salud en los centros sanitarios y en la escuela y lo contrario supone enfermedades que, como la diarrea, el cólera o el tétanos pueden causar la muerte. De hecho, 361.000 niños/as menores de 5 años mueren cada año a causa de la diarrea.

 

Entretanto, los especialistas mundiales se reúnen en Estocolmo para abordar los nuevos retos en la gestión del agua. Una planificación que debería ir encaminada a hacer cumplir varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el número 6 (Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos). Y de paso, el 3 (Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades) y el 13 (Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático).

 

UNICEF seguirá trabajando como desde hace más de 70 años, proporcionando agua potable a millones de personas (39,4 en 2016) e instalaciones de saneamiento adecuado (17,4 millones de niños y niñas en 2016).

 

Por cierto, la respuesta a la pregunta de ¿cuánto vale un vaso de agua? es: 50 céntimos de euro –de media- por metro cúbico en Euskadi y 50 kms a pie, el abandono escolar y el  riesgo de sufrir violencia en el trayecto, en el África subsahariana.

 

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