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Desmond Brown
Viernes, 18 de agosto de 2017

¿Agricultura climáticamente inteligente, dijo?

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Un científico de Trinidad y Tobago creó un mecanismo para determinar si un proyecto que dice ser de agricultura climáticamente inteligente realmente lo es, así como sus procesos y productos, lo que es muy importante porque es una práctica que ayuda a mitigar y a adaptarse al cambio climático.

 

Steve Maximay explicó que la herramienta Climate-Smart Agriculture Compliant (C-SAC) ofrece un certificado y un programa de auditoría que sirve para comparar proyectos, procesos y productos que permitirá justificar la aplicabilidad y los fondos para iniciativas contra el cambio climático.

 

“La C-SAC ofrece un paso a paso, una guía tipo lista de control que una persona entrenada podrá usar para determinar cuánto se acerca el proyecto o los procesos a las cinco áreas de cumplimiento”, precisó Maximay al ser consultado por IPS.

 

“Puede servir como un filtro preliminar para clasificar proyectos que pretenden pasar por cuidadosos del ambiente y que podrían recibir fondos como si fueran de agricultura climáticamente inteligente; todo por captar los millones de dólares que deberían destinarse a ayudar a los pequeños agricultores genuinamente progresistas”: Steve Maximay.
 

“El método literalmente obliga a los examinadores a considerar objetivos o aspectos clave de la agricultura climáticamente inteligente. Esos aspectos (categorías) son: conservación de recursos, uso de energía, seguridad, apoyo a la biodiversidad y reducción de gases invernadero”, precisó.

 

Cada categoría se subdivide, por lo que la conservación de recursos incluye: uso de la tierra, agua, nutrientes y trabajo; el uso de la energía contempla energía, iluminación, insumos de manufactura y transporte; la seguridad abarca a las operaciones de producción, la cosecha, el almacenamiento y la utilización, detalló.

 

Además, el apoyo a la biodiversidad trata sobre la limpieza de tierras, el impacto de los agroquímicos exteriores, la introducción limitada de especies foráneas y el impacto de los servicios de ecosistemas.

 

Y por último, la reducción de gases invernadero trata sobre la fermentación entérica (el gas producido en el estómago del ganado y otros animales que mastican su bolo alimenticio), gestión del suelo, reducción de combustibles fósiles y gestión de estiércol y otros desperdicios.

 

“Las subdivisiones (cuatro en cada una de las cinco categorías) son la base de las 20 preguntas que comprende la C-SAC”, explicó Maximay.

 

“El manual ofrece un medio para dar una nota a cada aspecto en una escala de cinco puntos. Si el puntaje acumulado de un proyecto está por debajo de 40 se considera que no cumple y que no es realmente una actividad de agricultura climáticamente inteligente”, precisó.

 

“La C-SAC, además, pone una nota a los que sí se ajustan, entonces entre 40 y 49, está en el nivel uno, entre 50 y 59, en el nivel dos, entre 60 y 69, en el tres, entre 70 y 79, en el cuatro, y entre 80 y 100, el más alto, en el cinco”, añadió.

 

“Se estructura con el debido conocimiento de las preocupaciones sobre cómo se verterán los fondos globales para el cambio climático”, añadió.

 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) describe a la agricultura climáticamente inteligente como aquella que aumenta la productividad de forma sostenible, mejora la resiliencia (adaptación), reduce o elimina los gases invernadero (mitigación), cuando es posible, y mejora el logro de los objetivos de desarrollo y de seguridad alimentaria a escala nacional.

 

El concepto de agricultura climáticamente inteligente refleja la ambición de integrar el desarrollo agrícola con la respuesta climática con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria y objetivos de desarrollo más generales, en un contexto de variabilidad climática y mayor demanda alimentaria.

 

Las iniciativas de agricultura climáticamente inteligente aumentan la productividad de forma sostenible, mejoran la resiliencia y reducen y eliminan los gases invernado y requieren planificación para atender los intercambios y las sinergias entre los siguientes pilares: productividad, adaptación y mitigación.

 

El concepto todavía está en evolución, pero las prácticas que definen a ese tipo de agricultura ya existen en todo el mundo y los agricultores las usan para hacer frente a varios riesgos en materia de producción.

 

Para imponer la agricultura climáticamente inteligente es necesario realizar un inventario de las prácticas actuales y de las que probablemente se usen en el futuro, además de contar con facilitadores institucionales y económicos para adoptar esa forma de cultivo.

 

Maximay señaló que la C-SAC procura ser una herramienta para priorizar y con una interpretación holística de los beneficios percibidos de la agricultura climáticamente inteligente.

 

“Puede servir como un filtro preliminar para clasificar proyectos que pretenden pasar por cuidadosos del ambiente y que podrían recibir fondos como si fueran de agricultura climáticamente inteligente; todo por captar los millones de dólares que deberían destinarse a ayudar a los pequeños agricultores genuinamente progresistas”, explicó.

 

“La C-SAC ofrece a banqueros y gerentes de proyectos una herramienta fácil de usar para asegurarse de que los proyectos que reciben fondos realmente cumplan con una interpretación amplia de lo que es la agricultura climáticamente inteligente”, añadió.

 

Maximay dijo que la C-SAC incorpora grandes categorías de acatamiento y ofrece una matriz de análisis con un enfoque de escalas para convertir evaluaciones cualitativas en una escala de cumplimiento numérica.

 

“Un rápido análisis cualitativo de lo esencial de la C-SAC depende de pautas científicas basadas en la ciencia y perfeccionadas gracias a la revisión de los pares y operaciones y prácticas probadas en el terreno”, puntualizó.

 

“La agricultura climáticamente inteligente a menudo amalgama actividades orientadas a la mitigación y a la adaptación”, acotó.

 

La proliferación de proyectos que buscan pasar por agricultura climáticamente inteligente subraya la necesidad de contar con un programa de certificación y auditorías. Un elemento de adaptación y mitigación puede no ser suficiente para calificar a toda una operación agrícola de climáticamente inteligente.

 

Por lo tanto, una perspectiva más holística puede llevar a determinar el grado de cumplimiento con lo que realmente implica esa práctica.

 

“La C-SAC ofrece esa perspectiva holística basada en una evaluación cualitativa y estructurada de los componentes clave”, reiteró Maximay.

 

También subrayó que en el marco de las mayores oportunidades de recurrir a fondos climáticos, es competencia de los responsables de la toma de decisiones y de la financiación asegurarse de que los proyectos no están diseñados de manera unidimensional.

 

Además, opinó que los pequeños agricultores de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo son particularmente vulnerables y que sus necesidades deberían quedar cubiertas por proyectos que son holísticos en materia de diseño e implementación.

 

A lo largo de los años, las organizaciones agrícolas del Caribe ofrecen fondos para crear granjas climáticamente inteligentes y mostrar a los agricultores ejemplos de prácticas ecológicas que pueden usar para combatir muchas de las condiciones que surgen por las fuertes lluvias y la sequía que sufre la región.

 

Maximay es uno de los primeros científicos especializados en agricultura que investiga el cambio climático en la Planificación del Caribe para la Adaptación al Cambio Climático.

 

Fitopatólogo de profesión, Maximay ha trabajado como profesor de secundaria, banquero para proyectos de desarrollo, investigador, responsable de capacitación del Banco Mundial, profesor universitario, consultor del Banco de Desarrollo del Caribe y empresario.

 

También dirigió la primera Oficina para el Desarrollo Empresarial de la Facultad de Ciencias, de la Universidad de las Indias Occidentales.

 

Y con más de 30 años de experiencia en agricultura, educación, salud, finanzas y ambiente, Maximay trabajó para proyectos de desarrollo de grandes agencias regionales e internacionales.

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