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Pedro Mendigutxia

Lesvos

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Begirada se hace eco esta mañana del deterioro de las condiciones en las que viven los refugiados en Lesvos. La semana pasada la policía griega entraba al campo de Moria, a reprimir con dureza la rebelión de personas que se negaban a ser devueltas al  infierno del que huyeron.

 

El acuerdo entre la UE y Turquia – yo te doy dinero y tú no me envías a refugiados que me alteren el orden de las cosas- parecía estar parando el flujo de personas desde las costas otomanas a las islas griegas, y abriendo a la vez otras rutas desde el norte de Africa a las costas del sur de Italia. Pues es que no. O no del todo. Sigue habiendo cientos de personas, sirios e iraquíes, que esperan en las costas de Esmirna a cruzar los siete kilómetros que les separan de Lesvos. Muchos están llegando. El buen hacer de Eric y Philippa, una pareja británica, está haciendo más amable la entrada en Europa de estas personas. Esta mañana del día de Santiago, 29 personas, 15 de ellos, niños, una mujer embarazada de ocho meses con dos niños han conseguido llegar. Y eso es una buena noticia, mal que le pese al Ministro del Interior del Gobierno del Reino de España. Como mala, buena para Zoido, es que los guardacostas turcos hayan interceptado y devuelto al continente a otras tres embarcaciones.

 

Decenas de voluntarios europeos entregan su dinero y su tiempo de vacaciones para ayudar a Eric y a Philippa en una tarea propia de titanes.

 

Me dicen que es porque se lo pide el cuerpo. Pero yo creo, más bien, que se lo pide el alma.

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