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Elsa Fuente

No te olvides de Yemen

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Un mundo globalizado implica que el aleteo de una mariposa en el cono sur, puede provocar un terremoto en el sudeste asiático. Sirva el proverbio chino para destacar un estrecho vínculo entre todos los habitantes del planeta. Nuestra vida está interrelacionada con la de otras personas por la comida que comemos, la ropa que vestimos o por las ideas que defendemos.  Pero con matices, como si de un cuasi-invisible hilo se tratara, sirve para unir y también dividir. Para entrelazar, pero también para marcar diferencias.  

Quienes desempeñamos nuestra labor en ONGDs  solemos acuñar el término de “crisis olvidadas” para hablar de situaciones críticas en países que permanecen como enquistadas durante años. Pero para muchas personas ni siquiera son olvidadas sino que nunca las llegaron ni a conocer. Y no es por los medios de comunicación que, en ocasiones actúan como sofisticadas correas de transmisión, escuchan y ofrecen lo que la audiencia pide, sino porque realmente en este mundo sí existen grandes diferencias y desigualdades.

Suena a mantra pero la historia vital de millones de niños y niñas navega en un triángulo de las Bermudas difícil de superar: países afectados por la desnutrición, menores que no pueden alimentarse, niños y niñas sin defensas, sistemas de salud que no pueden dispensar vacunas…consecuencia: enfermedades que en occidente consideramos erradicadas, muestran su cara más feroz, o situaciones totalmente prevenibles y a las que se puede hacer frente con los recursos existentes repercuten nocivamente  en el presente y futuro de millones de niños y niñas.

En Yemen, en solo unas semanas, el cólera ha matado a más de 600 personas. Un cuarto son niños y niñas, según los cálculos de UNICEF.

Tras 2 años de guerra, la situación en Yemen explica por qué se ha producido este brote de cólera. Los enfrentamientos han destrozado el sistema de agua y saneamiento, han agravado la situación económica del país y han inutilizado centros de salud. Además, la basura se acumula por las calles. En Saná el agua es trasportada por camiones, una situación que obliga a la gente a extraer agua contaminada de los pozos. Sin un sistema de agua y saneamiento adecuado, el cólera se contagia a gran velocidad,  y sin centros de salud ni recursos suficientes es muy difícil afrontar una emergencia como esta.

Pero recordemos que el cólera es una enfermedad que puede tratarse fácilmente con la pronta administración de sales de rehidratación oral, o en los casos más graves de infundir líquidos por vía intravenosa. Sin embargo, si no se trata a tiempo, y si las condiciones de las personas con inmunidad debilitada, como los niños y niñas desnutridos, que en Yemen alcanzan los 3,3 millones con desnutrición aguda y casi los 500.000 en su estado más grave, puede ser mortal en cuestión de horas.

Lo que ocurre en Yemen no es nuevo,  es el país más pobre de la Península Arábiga y arrastra como hemos visto las consecuencias fatales de una cruenta guerra civil, un perjudicial bloqueo naval y una terrible sequía. El Banco Mundial calculó que cada yemení solo dispone de 125 metros cúbicos de agua frente a los 2.500 de media mundial.

Los mercados globalizados hacen más sencillo vender un refresco en cualquier puesto de Saná, que construir un simple pozo de agua en las zonas más afectadas.

Pero la globalización no es ni buena, ni mala, ni todo lo contrario. En el 2001, quien fuera secretario general de la ONU, Kofi Annan, comparó a este proceso globalizador con “un tren de alta velocidad. Solo se detiene allí donde los andenes están a su altura”. Pongamos a nuestras sociedades a ese nivel. Eduquemos en valores como el compromiso y la solidaridad. Utilicemos los recursos tecnológicos disponibles hoy en día para ser innovadores, tanto en la respuesta a los que más lo necesitan, como en sensibilizar a los distintos agentes, ya sean públicos o privados, a favor de no olvidar ni una sola crisis.

Si nada de eso resulta, UNICEF estará ahí para dar voz a los que menos la tienen: los niños y niñas del mundo.

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