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Alma Saavedra

No hay ruta segura para quienes escapan de la vilolencia

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Médicos Sin Fronteras alerta en un nuevo informe de la violencia que sufren cientos de miles de personas que se ven forzadas a huir cada año de Honduras, Guatemala y El Salvador.

Según el informe que Médicos Sin Fronteras (MSF) hizo público a principios del mes de mayo, cientos de miles de centroamericanos que se ven obligados a huir cada año de la violencia extrema en Honduras, Guatemala y El Salvador carecen de acceso a atención médica durante su tránsito hacia México y los Estados Unidos, se ven forzados a bregar con más violencia durante su largo viaje y padecen las consecuencias de unas agresivas políticas de deportación que ignoran sus necesidades de asistencia y protección.

El informe ‘Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada’, recopila datos médicos, información procedente de encuestas a pacientes y testimonios recogidos por MSF, cuyos equipos llevan años ofreciendo atención médica directa a los migrantes y refugiados en distintos puntos de la ruta. Asimismo, el informe ilustra los niveles extremos de violencia que afectan a las personas que huyen de Honduras, Guatemala y El Salvador y la necesidad de proporcionar mayor protección a migrantes y refugiados.

Estas personas siguen siendo tratadas, en su mayoría, como migrantes económicos por México o Estados Unidos, los países donde la mayoría buscan refugio. A pesar de tener que padecer algunas de las peores formas de violencia, los migrantes y refugiados obligados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) no tienen apenas acceso al estatuto de asilo en estos países, a pesar de que existe un marco legal para ello. 

En este sentido, MSF hace un llamamiento a los Gobiernos de México y Estados Unidos, así como al de Canadá, para que garanticen alternativas a las detenciones y se adhieran a los principios de no expulsión. Estos países deberían incrementar sus cuotas formales de reasentamiento y reunificación familiar, de modo que las personas procedentes del TNCA que requieran protección internacional –incluido el asilo, visado humanitario y protección temporal– puedan dejar de poner en riesgo su salud y su vida. 

Los aprietos por los que pasan las personas en tránsito desde el TNCA ponen de relieve el fracaso de los Gobiernos a la hora de proveer asistencia y protección a migrantes y a refugiados. Jugar con el miedo de la opinión pública y tratar a estas personas tan solo como un asunto económico o de seguridad es ser corto de miras. Estamos ante una crisis humanitaria ante la que resulta ineludible la puesta en marcha de una acción coordinada y urgente que garantice que las personas en tránsito quedan a salvo de la violencia y la persecución, y reciben protección internacional en lugar de con más violencia. Y que, sobre todo, sean tratadas con dignidad y humanidad. 

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