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Manuel Lezertua

Derechos económicos y sociales en tiempos de crisis

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Manuel Lezertua: “Es en tiempos de crisis económica cuando la actualidad de los derechos económicos y sociales cobra su máximo significado”

La actividad que desarrolló el Ararteko en 2016 no fue ajena a la situación general, destacando el incremento del número de actuaciones relacionadas con la ciudadanía (10.958), determinando un incremento de nuestra actividad en casi un 23%. Nuevamente nos hemos visto desbordados por las quejas y consultas presentadas por la ciudadanía.

 

Para constatar este incremento simplemente hemos de echar la vista atrás al año 2010, en el que se comenzaron a visibilizar los efectos más graves de la crisis, y constatar el incremento de quejas ciudadanas de un 70%, debido, principalmente, al gran peso de las quejas relativas a las prestaciones sociales de contenido económico.

 

Quiero llamar la atención sobre el impacto positivo de nuestro trabajo. El nivel de eficacia de la intervención del Ararteko se concreta en que la administración afectada ha corregido y modificado la actuación que originó la reclamación en el 93% de los supuestos. Este impacto es fruto de un diálogo franco y constructivo con las administraciones públicas, que se traduce en cambios normativos y en políticas públicas.

 

Lamentablemente, 2016 también ha sido un año en el que la crisis económica se ha hecho notar con mayor intensidad, cargando sobre las espaldas de las personas y los colectivos más vulnerables. Y es precisamente en tiempos de crisis económica cuando la actualidad de los derechos económicos y sociales cobra su máximo significado. La crisis, junto a su cara más amarga en forma de desempleo y pérdida de la vivienda habitual, nos ha evidenciado, al mismo tiempo, el valor superior de la solidaridad y la dignidad, el deseo de justicia social, que se ha materializado en múltiples iniciativas ciudadanas de apoyo.

 

Por ello, quiero aprovechar esta ocasión para reivindicar el papel vertebrador y sostenedor de las organizaciones sociales, de las ONG, que, aunque debilitadas muchas de ellas económicamente ‑por la reducción de subvenciones a causa de la propia crisis económica‑, han efectuado un gran esfuerzo por fortalecer la conciencia y trascendencia de su papel en favor de la inclusión, la cohesión, la equidad y la justicia sociales.

 

Asimismo, quiero subrayar la encomiable tarea de muchas personas mayores, que tanto individualmente con sus familias o integrando organizaciones sociales, se han erigido en ejemplo de civismo, justicia equitativa, coraje y responsabilidad comunitaria. Nunca agradeceremos suficientemente su labor callada y constante que nos conecta con nuestra mejor esencia como sociedad.

 

El incremento de la violencia contra la mujer, en su forma más grave, los asesinatos, pero también en los delitos de índole sexual, nos alejan de una sociedad que respeta a la mujer y nos sitúa frente al espejo de una sociedad poco evolucionada, lo que exige una urgente revisión de los mecanismos de atención, defensa y protección penal de las mujeres víctimas de violencia de género, y repensar el modo de reforzar la eficacia de las políticas públicas orientadas, decididamente, a lograr una transformación profunda de las mentalidades sociales, dominadas demasiadas veces todavía por valores patriarcales.

 

También los comportamientos individuales o colectivos que atacan al diferente, y las actitudes xenófobas nos devuelven a épocas que creíamos superadas y nos deben alertar de riesgos de involución democrática.

 

No quisiera olvidar la situación de cientos de miles de solicitantes de asilo y refugio en Europa. La desesperante lentitud de los procedimientos de acogida y su escasa eficacia han generado un alto nivel de preocupación, frustración y rabia en gran parte de la población. La magnitud y la intensidad de esta crisis humanitaria, que tiene lugar ante nuestros ojos, no recibe la respuesta adecuada.

 

Finalmente, creo importante señalar que la salvaguarda y la mejora de los derechos humanos demandan la existencia de una ciudadanía comprometida, exigente y fuertemente imbuida de los valores democráticos de respeto y defensa de los derechos. Hago votos por que en Euskadi sigamos dando pasos decisivos en la buena dirección, que no es otra que la defensa de las personas y colectivos más vulnerables de nuestro País.

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