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Pedro Mendigutxia
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Ideas y ocurrencias

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Hace muchos años que Ortega se empeñaba en distinguir ideas de creencias. Las ideas se tienen y en las creencias se está. Las ideas nos vienen a la cabeza, muchas veces sin que las llamemos, sin que nos hayamos parado a pensar. Y son de todo tipo. Brillantes y absurdas. Buenas y malas (“no tienes una idea buena” es una de esas frases de madre que estos días recorren la red). Sin embargo, yo creo que hay ideas tan poco hechas, tan pobres, tan precarias, que no merecen su nombre, y que habría que calificar de ocurrencias. Y lo que me resulta sorprendente, aunque cada vez menos, es que responsables públicos las emitan con profusión. Hasta el punto de muchos pensamos que los partidos disponen de un gabinete de ocurrencias, gente que bebe de la superficie de las cosas y construye frases ingeniosas para que los líderes las usen en sus comparecencias. A veces una ocurrencia vive durante tanto tiempo y la utiliza tanta gente que podemos llegar a pensar que es una idea. Una de estas no-ideas es que cuando ocurre una catástrofe hay que dar la cara ante los medios aunque no tengas nada que decir. Por ejemplo, cuando después de que mil personas hayan muerto en el mar huyendo de una vida invivible, el Ministro de Interior nos pide que consideremos que el hecho de que en la Unión hayan decidido reunirse con carácter de urgencia ya es un paso en la buena dirección. ¿Pero podían no juntarse? Otra no-idea: en la reunión se plantea que, para seguir en la buena dirección que apuntaba Fernández Díaz, hay que hundir los barcos con los que trabajan los traficantes de personas. Ni la una ni la otra son ideas, sino ocurrencias, impropias de quienes tienen responsabilidad de gobierno. Ocurrencias que se expresan para no decir la idea, inconfesable por infernal (también hay ministros que leyeron “La balsa de piedra” de Saramago) de deshacernos de África: cosida como está con el débil hilván del canal de Suez al resto del mundo, bien podríamos darle un empujón con los pies desde el sillón Europa en el que estamos repantingados, enviándola a la deriva. Miserables.

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