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Aitor Ipiña

Lecciones olvidadas

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Vivimos un momento donde prevalecen los discursos que, de tan repetidos y convencidos, parecen irrebatibles cuando la verdad va en dirección contraria. Es el caso de presentar o presentarnos  los países con mayor nivel  de bienestar material como víctimas de procesos que fueron creados y promovidos para su beneficio.

 

No hará falta mucho esfuerzo en reconocer que la multicultural y multirracial Europa, no surge como invasión de personas que desde África, Asia o América vienen a robarnos nuestra prosperidad, sino que fueron los países europeos los que derribando fronteras y culturas colonizaron el mundo, siendo España un imperio donde no se ponía el sol, siendo el Imperio británico una extensión desde África hasta India o extendiendo el área de influencia francesa desde Argelia y el Congo hasta Vietnam. Eran tiempos en que los países obligaban orgullosos y en aras del progreso a otros pueblos a adoptar sus costumbres, su religión y su ciudadanía aunque fuera en la forma de súbditos de la misma corona. Pero ahora…

 

Y si pensamos en la globalización económica, nuevamente no se produce por la voluntad de los países pobres por penetrar nuestros mercados, sino que después de la crisis de los 70/80 y del estancamiento de las economías occidentales, se miran todos los mercados del mundo, existentes y potenciales, y nuestras empresas y gobiernos se hacen grandes cuentas imaginando la capacidad de compra de los millones y millones de personas que viven en India, China o Brasil. Pero ahora…

 

Y si nos acordamos de cuando emigraban las personas, de Andalucía a Alemania, de Euskadi a Venezuela o de Galicia a Argentina por poner ejemplos tópicos, no hay ninguna duda de que la motivación no eran las ganas de quitar el trabajo a los nativos o vivir de los sistemas sociales que tuvieran, ni mucho menos atacar y delinquir, la motivación universal, antes y ahora, de todas las personas que emigran por motivos económicos es tratar de mejorar su nivel de vida en sociedades que ofrecer mejores expectativas. Pero ahora…

 

El momento es confuso e incierto y ello nos genera miedo. Pero no busquemos en un pasado idealizado y en culpabilizar a personas no culpables, la solución mágica que nos tranquilice. Si al final, desgraciadamente, triunfan esos discursos y esas soluciones, tardaremos muy poco en llorar amargamente por nuestra estupidez colectiva y por haber perdido y haber hecho sufrir, tanto para nada.

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