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Fernando Fantova

Construir la comunidad: un compromiso estratégico

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Cuando hablamos de comunidad nos estamos refiriendo a relaciones primarias. Éstas pueden ser familiares o, también, de convivencia, vecindad o amistad. Puede tratarse de vínculos que han surgido desde el consumo, el trabajo o la militancia: como cuando la tendera nos fía, el compañero de trabajo nos cuida en una enfermedad o nos alargamos tomando unos vinos después de una reunión de la asociación a la que pertenecemos. También pueden ser nexos que han adquirido intensidad a partir de las interacciones en las redes sociales de Internet. Se trata, en todo caso, de relaciones que se rigen por la lógica del don y en las que se va construyendo un cierto compromiso de reciprocidad a largo plazo.

 

Las relaciones primarias, los bienes relacionales, los vínculos familiares y comunitarios son un recurso fundamental para nuestra vida, no menos importantes que los proporcionados por los derechos de ciudadanía, los intercambios de mercado o las pertenencias asociativas y compromisos solidarios. Los cuidados y apoyos que recibimos en la esfera comunitaria no tienen equivalencia funcional en las otras esferas de la vida social y, por tanto, la coproducción y sostenibilidad de los bienes relacionales se convierten en una tarea insoslayable, aunque no podemos olvidar que cualquier intento de incidir en la esfera comunitaria desde fuera de ella está sometido a restricciones y corre el riesgo de generar bucles paradójicos de los que, a veces, resulta difícil salir.

 

En nuestro entorno, posiblemente, nos encontramos en un momento de la historia en el que la construcción de la comunidad adquiere un carácter especialmente estratégico, en la medida en que todavía contamos con unas notables reservas de capital comunitario, pero percibimos con claridad las diversas amenazas a las que está sometido y las indeseables mutaciones sociales que sufrimos cuando se debilita la comunidad.

 

Seguramente, algunos elementos de esta agenda estratégica de construcción comunitaria puedan ser: una innovación tecnológica y un procomún digital al servicio del capital relacional; la reinvención del tercer sector como productor, gestor y politizado de bienes comunes; la construcción del sistema público de servicios sociales para la promoción y protección de la interacción todas las personas; y la evaluación y diseño de unas políticas públicas y un desarrollo territorial amigables con las relaciones familiares y comunitarias.

 

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