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Estibaliz Cruz, 14 años
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El mundo es un juego

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El mundo es un juego, una partida de ajedrez. Al menos así lo veo yo. Sin quererlo, sin pensarlo, ni siquiera sin darnos cuenta formamos parte de esta. En la que dependemos de nuestros pensamientos, actos, y muchas veces de los demás. En la que un movimiento te cambiará la vida, pero es nuestro progreso, es lo que marca nuestro día a día. Aunque para avanzar a veces tengamos que dejar atrás nuestros sueños, logros o lo que nos hace felices. Pero ese es el comienzo de algo mejor, algo distinto. Eso quiere decir que seguimos jugando, que no nos rendimos. ¡Que seguimos vivos!

 

Jugamos una partida en la que los tamaños denominan nuestra sociedad. Los de mayor tamaño estarán siempre por encima, pues son más grandes, pero aunque estos valgan oro, los de tamaño inferior valen humildad porque son estos los que poco a poco construyen la base del juego.

 

También somos de diferentes colores y creo que eso se interpone en todo momento entre nosotros. Quizá porque no somos capaces de ver más allá de un color, que es algo físico. O porque vemos al opuesto tan extraño que sentimos que nos estorba en nuestro progreso. Deberíamos entender que seamos del color que seamos, todos somos miembros y tenemos derecho a jugar esta partida.

 

Por eso, tendríamos que apreciar a todo aquel con el que compartimos esta experiencia y puede que no esté en nuestro presente pero podría estarlo en nuestro futuro, porque el tablero no es más que unos cuantos palmos, no es tan grande como parece.

 

Aunque no habitemos el mismo cuadradito, compartimos todos la misma base y eso nos hace una enorme familia.

 

Inconscientemente, día a día, minuto a minuto, estamos destruyendo pequeñas partes del tablero. Quizá porque no soporta el peso de tantos delitos, injusticias y engaños. O porque nos pisamos unos a otros sólo por lograr ganar.

 

Manipulamos las reglas para manejarlas a nuestro antojo, es decir, queremos que este juego se adapte a nuestra forma de ser y de vivir. Pero eso es imposible, este está hecho de todos y cada uno de sus miembros, por eso no es adaptable y tenemos que lidiar con eso aunque no nos agrade.

 

Yo sólo espero que algún día, en algún instante digamos todos juntos ¡Jaque mate! Así terminaremos esta partida y podremos empezar de nuevo, sin rencores ni prejuicios, siendo nosotros mismos.   

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