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Fede Merino

Muerte en Venecia, descanse en paz Pateh Sabally

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Muerte en Venecia ya no es sólo una película de Luchino Visconti, es además un símbolo de la indiferencia desde que un joven de 22 años murió ahogado en el Gran Canal ante el trasiego de turistas. Él era gambiano y había viajado por necesidad, la de los emigrantes, los turistas viajan por placer, y el destino les reunió en las mismas aguas. Pateh Sabally no cogió ninguno de los tres flotadores salvavidas que le lanzaron. No se si llegó a escuchar las frases que también le lanzaron desde algunos barcos para hundirle más, ¡vuelve a casa! le dijeron mientras se ahogaba sin remedio.

 

         Es una imagen muy cruda. Nadie se lanza, nadie se moja, nadie se arriesga en un miserable paralelismo con lo que sucede hoy con los emigrantes y refugiados a las puertas de Europa. Nunca sabremos si pretendía suicidarse, pero tenía los papeles en regla y un billete de tren en la mochila que dejó en la orilla. Y de la misma manera que un monje se quemó a lo bonzo en Saigón, un gambiano se ahogó ante la mirada de todos en el Gran Canal. ¡El pobre Pateh les ha jodido las vacaciones románticas a los viajeros de las góndolas y los vaporettos.

 

         Con su muerte no se ha hecho una película pero sí muchas grabaciones que han circulado por las redes sociales y los informativos, cargadas de pena y de mala conciencia. ¿Y a quién pagaremos los derechos de imagen? los derechos de mala imagen, donde el protagonista muere sin ayuda ni compasión y para su desgracia ya no podrá protagonizar escena alguna después de esa, de la más dramática de todas, de la última.

 

         Sí, podríamos haber ido nosotros en el barco. Podríamos haber encontrado diez o doce excusas. Que no sabemos nadar bien, que alguien que se ahoga puede arrastrarte con él al fondo, que si no quiso los flotadores es que se estaba suicidando y que al fin y al cabo ¿quiénes somos nosotros para evitarlo?.

 

         Todo este comportamiento, que no es edificante, que ni siquiera es noticia, que no tiene ya remedio y no da para un debate; tal vez pudiera tener cabida en horas de máxima audiencia: en la casa del Gran Hermano, en El Conquis del fin del mundo o en Sálvame de Luxe. ¡Qué cruel ironía! los nombres de estos programas  tienen las palabras que se niega cada día a los ahogados: “hermano” cuando no queremos que sean ni conocidos; “conquistador” cuando sólo nos interesan los conquistados  y “sálvame” justo el grito más oportuno, el que no se oyó en el Gran Canal y  el que no se produjo en ninguno de los canales.

 

         Descanse en paz Pateh Sabally.

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