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Fede Merino

Emigración, mercados y xenofobia

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Dos empresas vascas, Fagor y Orbea, se van de China. Las cosas ya no son como eran. Las oportunidades de negocio han disminuido. Europa está embarcada en no clavarse la espada en el culo y en salir de la crisis sin más rasguños. 

 

         Esta crisis medio superada, siendo optimistas, podría no ser más que un pequeño pic-nic campestre si China se resfría. Hoy son la segunda economía mundial, la fábrica y el banco del mundo, y sus mil cuatrocientos millones de habitantes el mayor mercado.  Pero las cosas también están cambiando. Muy tímidamente, pero cambian. Su paso de un comunismo puro a un pragmatismo extremo ha sido de record y siguen conviviendo una dictadura inflexible con un liberalismo económico voraz.

 

         Los chinos están obsesionados con el aprovisionamiento de materias primas en cualquier lugar. Lo mismo compran tierras en Senegal para plantar cereal que en Castilla La Mancha para hacer vino de Jerez.  Pero no se sabe cuanto tiempo aguantará al margen de las conquistas sociopolíticas del resto del mundo. Y entonces se acabará la explotación, el producir con una mano de obra ultrabarata (ya se está acabando) y tendrán que volver a revalorizar su moneda (sufrirán sus exportaciones).

 

         Lo que hasta ahora les ha resultado mágico puede volvérseles en contra. A día de hoy no es ni una previsión, ni una premonición, ni siquiera un augurio. Es una posibilidad. Y la reflexión viene porque cuando todos quieren ir  a China, algunos de los que fueron allí hace años acaban de anunciar que hacen las maletas.

 

         Nosotros buscamos mercados con todas las de la ley. Convencidos de que es la clave para la supervivencia. Nuestros jóvenes también buscan oportunidades sin detenerse en fronteras, y aún así son emigrantes de lujo, porque si algo falla generalmente trabajan con red, que es la posibilidad de volver. Esto desaparece cuando se habla de los emigrantes del canal de Sicilia, de la valla de Melilla, del estrecho de Adén o de la frontera de Tijuana.

 

         La supervivencia forma parte de nuestro ADN pero alentamos unos movimientos y condenamos otros aunque los mueva el mismo motor. Aparentemente es un tema sin solución mientras pensemos que los que llegan son los culpables.

 

         Cuando en Sudáfrica un ven-de-dor am-bu-lan-te de go-lo-si-nas, originario de la vecina Zimbabwe, es acorralado y asesinado por unos jóvenes que creen defenderse del paro, asistimos a la parte más fácil, cruel,  equivocada e injusta, que aparece en cualquier lugar del planeta, por aseado que este sea,  y se llama xenofobia. 

 

 

 

 

 

 
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