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Pedro Mendigutxia
Martes, 11 de octubre de 2016

El glaucoma del FMI

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El glaucoma es una enfermedad que se diagnostica tarde. Uno va perdiendo visión periférica, pero el cerebro, ese prodigio que nos permite sobrevivir a tantos peligros, va completando la información que falta, de manera que no nos enteramos de la enfermedad hasta que vemos a través de un túnel estrecho.

 

A veces pienso que las enfermedades de las personas se trasladan a los grupos que forman las personas. Que su glaucoma, al Fondo Monetario Internacional, solo le permitía ver la necesidad de potenciar el PIB de los países, y de que los gobiernos mantuvieran las cuentas públicas saneadas, el dichoso padrenuestro del control del déficit. Y su cerebro hacía el resto, para que el sistema no dejara de funcionar. Así, completaba la visión llamando a no intervenir en la economía, porque no hace falta, ya que la riqueza que se genera con el crecimiento se reparte ella sola, y ya que crecimiento y no intervención significan funcionamiento de los mercados y pleno empleo

 

Y resulta que no. Que su cerebro les estaba dando información equivocada. Que el crecimiento solo ha beneficiado a unos pocos, que la globalización debe ser diferente, y que debe prestarse atención a aquellos en riesgo de quedarse atrás (cosas que decía Cristine Lagarde la semana pasada).

 

Eso lo sabía todo el mundo: la socialdemocracia, la izquierda de verdad, la doctrina social de la Iglesia, Stiglitz… Pero el FMI no se ha enterado hasta ayer.

 

A ver lo que tarde en enterarse De Guindos. Dichoso glaucoma…

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