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Lide Amilibia
Reflexiones finales

Organización social de cuidados y ciudadanía

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A lo largo de estos dos días de jornadas hemos hablado de muchas cuestiones inherentes al cuidado: de la división de los roles sociales y de género, división de las tareas domésticas, de la conciliación, de la corresponsabilidad, de las cadenas globales de cuidados, de cuestiones vinculadas al cuidado como derecho, a la financiación del modelo, a la realidad demográfica, a la diversidad territorial, a los patrones de cuidado en las familias, a la pluralidad de actores implicados o al impulso del sector laboral de los cuidados.

 

Hablaba el Consejero en la inauguración de estas jornadas de la diferencia entre empleo y trabajo. Quiero incidir en esa línea argumental reseñando la confusión habitual entre precio y valor. En nuestra sociedad los cuidados están muy desvalorizados, y eso se debe a que se han venido proporcionando en la esfera familiar, no siendo visibles para el resto de la sociedad, unos cuidados que carecen de valoración económica. Y ya se sabe que lo que no está sujeto a la ley de la oferta y la demanda, a la compra-venta, apenas tiene valor social hoy en día.

 

Se habla de “crisis de cuidados” y de “crisis del enfoque familista” en la organización social del cuidado, y ello es debido al crecimiento exponencial de su demanda por el progresivo envejecimiento de la población, a lo que se une que las mujeres ya no están totalmente disponiblespara cubrir esas necesidades en el ámbito familiar, por haberse incorporado en mayor medida al mercado laboral y, de forma creciente, por deseo expreso de compartir los cuidados y no echárselos en sus espaldas y en sus conciencias.

 

Poco a poco las mujeres se van, nos vamos, liberando de concepciones patriarcarles transmitidas sobre la dispensa de cuidados. Me viene a la mente al respecto la novela de Laura Esquivel “Como agua para chocolate”, ambientada en tiempos de la Revolución mejicana, en la que Tita, la protagonista, es la menor de tres hermanas y en su familia existe la costumbre de que la hija menor no debe casarse, sino que debe hacerse cargo de sus padres en la vejez.

Sin llegar a ese extremo, aún persisten mujeres que han interiorizado el mandato del cuidado y se lo autoimponen como una cuestión de deber moral.En este contexto, quiero destacar la fuerte disonancia entre las actitudes cada vez más igualitarias de la población y las prácticas todavía tradicionales en la división de las tareas domésticas y de cuidado, especialmentetraselnacimiento de loshijos e hijas.Losbajosniveles de fecundidad que se dan en numerosas sociedades avanzadas, como ocurre en la sociedad vasca, son el resultado de las diferencias en el grado de igualdad de género.

Las dificultades que encuentran las familias para conciliar su vida familiar y laboral tienen una trascendencia indudable en el envejecimiento poblacional y en el mantenimiento futuro del sistema de bienestar.

El impulso de estrategias coordinadas en materia de conciliación de la vida familiar y laboral, el desarrollo de estrategias de sensibilización, así como la puesta en marcha de recursos y ayudas efectivas, de vocación universal, constituyen los principales retos a los que actualmente deben responder los poderes públicos. En el Gobierno Vasco tenemos muy presente todo ello cuando elaboramos la ESTRATEGIA VASCA DE INVERSIÓN EN LAS FAMILIASY EN LA INFANCIA.

Por otro lado,en lo queconcierne a la dispensa de cuidados profesionales,hemos venido asistiendo a un fenómeno reprobable: la cosificación de la persona a cuidar. Afortunadamente, se está abriendo camino un nuevo paradigma en la atención a las personas vulnerables,mayores, dependientes, excluidas, desprotegidas…que se concreta en aspectos tales como el Modelo de Atención Centrada en la Persona, la Calidad y la Ética en la gestión.

El avance en la promulgación de derechos y en la preservación de la dignidad de la persona, que deben configurarse como eje de las políticas de atención, obliga a realizar ese cambio de paradigma en el modelo de intervención.

Junto al valor incuestionable de la Ética en nuestra actuación, la calidad en la gestión se ha convertido en una proposición evidente, en axioma indiscutible. La calidad se basa en el compromiso para con la persona a la que se cuida; es integral e incondicional.

Tenemos definidos una serie de derechos. Para que esos derechos se hagan efectivos, analizamos qué capacidades tenemos que promover y qué apoyos son los que tenemos que ofrecer cuando la persona no puede adquirir esas capacidades por símisma. La Ética basada en los derechos fundamenta, en gran medida, el

trabajo que desempeñamos. Lo central debe ser promover el desarrollo de los derechos de la persona.

En la confrontación entre modelos de asunción de los cuidados, en los últimos años se ha ido desarrollando un enfoque que, sin duda, implica un cambio de paradigma en la definición de las políticas de bienestar social y que trae aparejado un cambio fundamental en el papel de las políticas de apoyo a lasfamilias, otorgándoles una nueva o mayor centralidad en el conjunto de las políticas de protección social.

Este nuevo paradigma –cuya principal característica es el cambio de énfasis desde unas políticas orientadas a la reparación a otras dirigidas a la preparación−supone una nueva forma de concebir la intervención pública en relación a la infancia, en la medida en que el bienestar y el óptimo desarrollo cognitivo y emocional de los niños y las niñas se considera un factor esencial de cara a la cohesión social, a largo plazo, del conjunto de la sociedad. Desde ese punto de vista, la inversión en la infancia, el desarrollo de las políticas de apoyo a las familias, la provisión de cuidados infantiles de calidad y, por extensión, la lucha contra la pobreza infantil se configuran como ejes básicos del llamado modelo de inversión social.

Además de la sostenibilidad económica y financiera, debemos pensar en términos de sostenibilidad social, en que la protección social debería recuperar la visión relacional familiar y comunitaria.

Parafraseando a  Leonardo Boff:

“Cuando amamos cuidamos y cuando cuidamos amamos…El cuidado constituye la categoría central del nuevo paradigma de civilización que trata de emerger en todo el mundo…El cuidado asume una doble función de prevención de daños futuros y regeneración de daños pasados.“

Espero que las jornadas les hayan resultado de interés y que sigamos juntándonos en futuras ocasiones para seguir dando pasos en la construcción de un modelo de cuidados con más ciudadanía.

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