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Pedro Mendigutxia

De libertad y seguridad, lo que nos dejen

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La policía brasileña hizo explotar una mochila en la playa de Copacabana. Por sospechosa. Dentro no había más que ropa, pero estaba donde no tenía que estar. Un día te olvidas la bolsa de deporte en el bar al que vas a tomarte la cerveza de después del partido y tu olvido moviliza a los artificieros, paraliza el tráfico de la calle y provoca el desalojo de diez inmuebles. ¿Quieres libertad, y derechos? Pues aguanta los costes. La libertad es cara. Y más, ahora.  

Podemos pensar que fue en 2001, después de los atentados de las torres gemelas de Nueva York, cuando se abrió el debate acerca de cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar para estar más seguros. Y que ese debate se reabre en los medios cada vez que en occidente vivimos situaciones como las de este verano.

Pero no es así. Zygmunt Bauman nos recuerda que hace más de un siglo que Freud proclamó que la civilización es un equilibrio entre seguridad y libertad. Un juego de suma cero en el que lo que se gana de la una se pierde de la otra. Ya hemos tenido tiempo, pues, de asimilar que no se puede crecer en las dos cosas, a la vez.

A lo mejor es frustrante, para quien pensaba que el progreso es un camino que conduce indefectiblemente a más de todo lo bueno (libertad, seguridad, derechos…) para cada vez más gente, y a menos de todo lo malo (hambre, enfermedad, violaciones de derechos…) para cada vez más gente. Pero las cosas son así.

Lo malo no son las renuncias, porque es infantil pensar que todo está a nuestro alcance, sino tener que comulgar con ruedas de molino. Ver, sin levantar la voz, que los que tienen el poder, y poder democrático, para asegurar la libertad (la que se puede, oiga), la seguridad y “nuestros” valores, complican la utilización de imágenes de policías haciendo un uso abusivo de la fuerza (como la llamada ley mordaza española); permiten escuchar y grabar a cualquier persona sin la previa autorización de un juez (como hace la ley Renseignement francesa, de 2015);  o, como hacen los Estados Unidos, subcontratan las torturas a otros países a cuyos gobiernos les trae al pairo la libertad, la seguridad y los derechos.

Y lo que vendrá.

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