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Redacción

El Niño

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El Niño, que bien pudiera ser la denominación masculina de una persona que comienza su andadura en la vida, en este caso se trata de un fenómeno meteorológico que ha dejado a millones de niños y niñas hambrientos o en peligro de sufrir hambre y enfermedades. Se dice que El Niño, como fenómeno meteorológico de 2015 y 2016, ha llegado a su fin; sin embargo, sus devastadoras consecuencias solo acaban de iniciarse. Ha causado el mayor aumento de las temperaturas mundiales en más de 130 años, obligando a miles de personas a huir de sus tierras, provocando pérdidas importantes de cultivos y un aumento en los precios de los alimentos; ha afectado el abastecimiento de agua y ha dejado a millones de personas en situación de inseguridad alimentaria.

 

Las consecuencias de las sequías e inundaciones perdurarán durante años y afectarán sobre todo a la infancia, tal y como su nombre indica. Angola (más de 700.000 niños y niñas afectados por las sequías), Malawi, Somalia, Madagascar, Eritrea, Zimbabwe o Etiopía son algunos de los países más perjudicados por El Niño en África Oriental y Meridional. Aun así, Indonesia, Camboya o Vietnam en Asia y El Pacífico, o Guatemala, Haití, Honduras y El Salvador en América Latina y El Caribe también tendrán que hacer frente a las alarmantes repercusiones del fenómeno climático, entre las que ya hemos visto hambre, desnutrición y propagación de enfermedades.

 

La escala de la crisis ha sobrepasado la capacidad de adaptación de las comunidades y los recursos de los gobiernos, poniendo en peligro los avances logrados durante varias décadas de desarrollo. Los niños y niñas de las comunidades afectadas necesitan urgentemente apoyo en materia de alimentos, agua, nutrición, salud y medios de sustento. UNICEF ya ha puesto en marcha los mecanismos para brindar apoyo en materias básicas como el reparto de alimentos terapéuticos listos para usar destinados al tratamiento de la desnutrición grave aguda; distribución de agua potable y promoción de buenas prácticas de higiene y salud; o intensificación de las campañas de vacunación, ya que se ha relacionado El Niño con un aumento de enfermedades como el dengue, la diarrea o el cólera. Incluso existe la posibilidad de que haya un aumento en la transmisión del VIH en África Meridional.

 

Y todo ello sin que sepamos a ciencia cierta si el fenómeno La Niña, esta vez en femenino, – fenómeno inverso a El Niño (allí donde El Niño ha causado sequía, La Niña podría traer lluvias, y donde El Niño desencadenó inundaciones, La Niña podría traer condiciones áridas) – comenzará su actividad en 2016, agravando hasta el extremo la situación de los niños, niñas y adolescentes más vulnerables. Una vez más, queda en evidencia la importancia del trabajo e inversión preventivos para hacer frente a emergencias como la de El Niño. La importancia de actuar ahora para que las crisis humanitarias no empeoren en el futuro.

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