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Miércoles, 12 de diciembre de 2018
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Fernando Fantova

Políticas sociales: comunidad 4.0.

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En el imaginario más clásico de las políticas sociales pareciera que sólo nos encontrábamos con el Estado regulador y garante de derechos que cubre determinadas contingencias o responde a ciertas necesidades que no pueden dejarse al libre juego del mercado. Sin embargo, poco a poco, otras esferas de la vida social han ido abriéndose paso en ese escenario, por ejemplo la comunidad, ese entramado de relaciones primarias (familiares o no familiares) que nos permite disfrutar de los llamados bienes relacionales.

En una primera mirada la comunidad aparecía como destinataria de determinadas intervenciones sociales. Así, por ejemplo, en el mundo del trabajo social se ha distinguido el trabajo con individuos, el trabajo con grupos y el trabajo con el conjunto de la comunidad. Desde ese punto de vista, hacemos trabajo comunitario cuando en las actividades que organizamos participa de forma abierta un amplio abanico de personas conectadas entre sí, normalmente en un determinado territorio.

En una segunda visión, la comunidad aparece como entorno, como lugar, como espacio de proximidad en el que realizamos nuestras intervenciones y ubicamos nuestros servicios y centros. Realizar nuestras intervenciones en el entorno comunitario y ubicar nuestros servicios en un contexto de proximidad hace posible una atención más ecológica y sostenible a las necesidades de las personas. Serían los servicios “kilómetro cero”.

En un tercer momento, descubrimos la transversalidad de la comunidad, el enfoque comunitario como perspectiva que debe atravesar todas nuestras políticas e intervenciones, de suerte que la garantía pública de derechos y la intervención profesional contribuya sinérgicamente a fortalecer los vínculos primarios y las dinámicas participativas en la vida cotidiana de las personas.

Nuestra tracción a las cuatro ruedas, nuestro 4x4 se completa cuando descubrimos la integración comunitaria, la inclusión relacional como el objeto de uno de los grandes pilares del sistema de bienestar: los servicios sociales. Llega el momento en el que la interacción de las personas (la autonomía funcional para el desenvolvimiento cotidiano y la integración relacional de carácter familiar y comunitario) adquiere del estatuto de uno de los grandes bienes que debe ser protegido y promovido por uno de los grandes pilares del sistema de bienestar.

Inspirándonos en la política industrial, que propone la industria 4.0., podríamos decir que unas políticas sociales avanzadas, a la altura de la complejidad social en la que vivimos, requieren actividades comunitarias, necesitan de la ubicación de los servicios en el entorno comunitario, aplican de forma transversal el enfoque comunitario y construyen el pilar de los servicios sociales como aquel que se especializa en la construcción de relaciones comunitarias interactivas, significativas y sostenibles.

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