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Elsa Fuente

Desigualdad infantil

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No dejar a nadie atrás y mejorar las condiciones de aquellos que tienen más dificultades para garantizar el bienestar de todas las personas comenzando por los niños y niñas. Con esta premisa en las políticas sociales, se lograría reducir la brecha de desigualdad infantil y caminar hacia una sociedad más justa. Así lo indica el último informe de UNICEF, ‘Equidad para los niños’ (Report Card 13, Innocenti), que pone sobre la mesa un análisis comparado de 41 países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y UE en base a cuatro parámetros multidimensionales: ingresos económicos, educación, salud y satisfacción vital, ya que es posible que niños y niñas que viven en hogares con ingresos medios o incluso altos, puedan verse privados de servicios y bienes esenciales.

 

Y es que en los últimos 35 años, el riesgo de pobreza (relativa) se ha ido desplazando de mayores a jóvenes en el Estado español y, desgraciadamente, la crisis económica ha acentuado la tendencia de que los colectivos más afectados por la desigualdad en la actualidad sean el de infancia y adolescencia. Y son especialmente desiguales en términos de desigualdad económica (el Estado español se sitúa en el puesto 36 de 41 en términos de desigualdad en el ingreso) y satisfacción vital (el Estado español está entre los 3 países en los que más ha crecido esta brecha).

 

Con todos estos datos entre las manos y conscientes de que la desigualdad es un lastre para los niños, niñas y adolescentes, es fundamental que los programas electorales consideren elevar la inversión en protección social e incorporar un enfoque más específico y transversal de la equidad. Debemos garantizar políticas de servicios accesibles y asequibles para todas las personas, becas, apoyo escolar, progresividad en los impuestos y ayudas sociales enfocadas a los más vulnerables. En definitiva, un Pacto por la Infancia que blinde los derechos de todos los niños y niñas y que vaya en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, un reto global que permita el desarrollo para todas las personas, evitando dejar atrás a la infancia más vulnerable.

 

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