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Juan Mari Aburto

Una ley ilusionante

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Debo comenzar esta sencilla reflexión señalando que me resulta especialmente agradable que Begirada haya pensado que sería interesante que yo escribiera este artículo. Además lo hago, no solo en mi condición de quien fuera el Consejero del Gobierno Vasco que impulsó aquél anteproyecto de ley, sino también en mi condición de actual Alcalde de Bilbao. Creo que no añado nada nuevo si señalo que siempre he pensado lo relevante e importante que ha sido, es y será el Tercer Sector Social para el desarrollo de nuestros servicios sociales y nuestro sistema de protección social. Quizá por eso siempre pensé que estábamos en deuda con el Tercer Sector y que una de las mejores aportaciones que podíamos hacer para mostrar nuestro compromiso era dotarle de un adecuado marco normativo.


Por ello, cuando el Lehendakari Urkullu me propuso acompañarle en el apasionante viaje que iba a emprender, pensamos (porque lo hicimos en el extraordinario equipo que me acompañó en el Departamento de Empleo y Políticas Sociales) que el calendario legislativo de nuestro gobierno iba a tener una ley dedicada a nuestro tercer sector.


Así,en la comparecencia de inicio de legislatura el 6 de Febrero de 2013, dije textualmente:
 “Entendemos desde el Departamento, que la contribución del Tercer Sector en la configuración de los servicios sociales en nuestra Comunidad ha sido históricamente decisiva. Ellos ya estaban cuando las Administraciones Públicas empezaban a dar sus primeros pasos. No deben ser considerados, por tanto, sólo como unos provisores de servicios, sino como lo que en realidad son: unos agentes de transformación social que contribuyen de una manera decisiva a amalgamar y cohesionar nuestra sociedad.


Hemos creído siempre y ahora también en su importancia, en la singularidad de su presencia. Por eso creemos que hay que hablar con ellos en un diálogo institucionalizado en la Mesa de Diálogo Civil.
A este respecto, nos gustaría proponer la elaboración en esta legislatura de una Ley sobre el Tercer Sector, una Ley que diera valor a todas esas Entidades que prestan servicios a la ciudadanía y que regulara su marco de relación con la Administración.


Así pues, la próxima aprobación por el Parlamento Vasco de la Ley del Tercer Sector Social constituye básicamente el cumplimiento de un compromiso que asumimos ante la cámara y ante la ciudadanía. Hoy en día , dado cómo está la valoración de la actividad política, quiero resaltar el cumplimiento de aquél compromiso.
Nuestro inicial texto ha experimentado modificaciones en su devenir parlamentario fruto del trabajo y del consenso con los diferentes grupos políticos. Por lo tanto es el punto de unión de las diferentes sensibilidades que se dan cita en el país y creo que esto también es importante.


Quizá la pregunta que algunos se hagan es ¿por qué una ley del tercer sector? Comenzaré diciendo que cuando pusimos en circulación el primer borrador ya hubo quien lo criticó señalando que “esto es Aburto en estado puro”. Lo que para quien lo decía seguramente era una crítica, para mi resultaba un halago. Porque más allá de lo personal, creíamos que era necesaria una ley que diera visibilidad al tejido asociativo, que lo pusiera en valor, que reconociera su extraordinario papel cohesionador y vertebrador, que fuera reconocido desde la visión de la inversión social y no solo desde la visión del gasto social a través de la política subvencionadora, que se resaltara su papel de configurador de nuestro sistema de servicios sociales, de protección social y de empleo.
Había normativa previa en la que se hacía referencia al tercer sector como la Ley Vasca de Servicios Sociales y otras en las que no me voy a extender, pero creíamos que era necesaria una ley propia que le dotara de la necesaria mayoría de edad , si se me permite la expresión.


Por eso, nos parecía necesario fortalecer la propia estructuración del Tercer Sector a través de una Ley que fuera capaz de definirlo con la máxima precisión y de marcar el terreno de juego en el que deben desarrollar esa labor de colaboración, diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas de Servicios Sociales.
Hay que resaltar que la Ley da un paso más. Es una Ley del “Tercer Sector Social”, no sólo del “Tercer Sector de Acción Social”. EL Tercer Sector Social incluye al Tercer Sector de Acción Social, al ámbito de los servicios sociales, pero lo desborda, abarcando otros ámbitos encuadrados en las políticas sociales en sentido amplio, como el empleo o el sistema de garantía de ingresos y para la inclusión social.


Es decir, la Ley es necesaria porque define de una manera concluyente los límites del Tercer Sector Social de Euskadi, le dota de un status político y consagra la colaboración de la Administración Pública con la sociedad civil organizada.


Llegados hasta aquí , quisiera referirme, aunque sea brevemente, a los sistemas de cooperación y de colaboración  que la Ley establece entre el Tercer Sector Social y el Sector Público Vasco. Creo sin duda que la Ley supone un avance respecto a la regulación recogida en la Ley Vasca de Servicios Sociales, pero no les oculto que me hubiera gustado ir aún más lejos en el sistema de convenios que, por otra parte, resulta el más utilizado de hecho, sobre todo en algunos ámbitos como la discapacidad o la lucha contra la exclusión social. Quienes me conocen saben que siempre he sido un defensor de los convenios que , entre otras cuestiones, proporcionaban estabilidad. Pero el consenso alcanzado y el respeto al marco jurídico han propiciado el texto que tenemos y bienvenido sea.


Nunca debemos olvidar que algunas entidades que tengo en mente llevan más de cincuenta años y otras más de veinticinco prestando servicios y dotando de dignidad a las personas más vulnerables cuando las administraciones públicas ni estábamos ni se nos esperaba. Por eso siempre he creído necesario reconocer esa realidad. Los convenios son una extraordinaria forma de reconocimiento.


Esta relación de colaboración se va a canalizar a través de tres instrumentos: los regímenes especiales de concierto social, los convenios y los acuerdos marcos de colaboración.


En cuanto a los contenidos de la Ley, finalmente quiero mencionar la acción de promoción del Tercer Sector Social de Euskadi por parte del Sector público, a fin de contribuir a fortalecer el tejido social, la participación social y la solidaridad organizada en la sociedad vasca. En efecto, si el Tercer Sector es considerado un valor en la organización y gestión de los servicios sociales, parece lógico pedir al Gobierno que diseñe una Estrategia de Promoción del Tercer Sector Social.


La cohesión y la respuesta/atención personalizada son rasgos característicos del Tercer Sector Social en tanto activo fundamental de la sociedad vasca, de un lado, para configurarse como una sociedad justa, igualitaria, solidaria, cohesionada, participativa y democrática en cualquier coyuntura –más en épocas de crisis–, y de otro lado, para responder de manera más adecuada (integral, cercana, personalizada, participativa) a las necesidades sociales, desde la colaboración entre sectores y con la participación de las propias personas, familias, colectivos o comunidades destinatarias.

 

Ahora bien, el Tercer Sector Social fue previo en muchos casos al ámbito institucional, por lo que no únicamente posee capitales sociales, relacionales o humanos, sino que en sí mismo genera también actividad económica relevante, generando a través de ella un retorno no sólo económico, sino también social, siendo intensivas en creación de empleo, mediante la colaboración en la provisión de servicios de responsabilidad pública y la generación de alternativas de empleo y el acompañamiento de procesos de inserción laboral, principalmente, de personas con discapacidad y de personas en situación o riesgo de exclusión. Son la prueba más palpable de la inversión estrictamente social, lo que se refuerza en su dimensión organizativa, generadora de redes de redes para una adaptación más diversificada y especializada a los retos de la inclusión y de la justicia.

 

Un tercer social de acción social fortalecido por los mecanismos institucionales que la ley instituye es una garantía. Su fortaleza social nos fortalece como comunidad; su debilidad, nos menoscaba. Un Tercer Sector consolidado contribuye al desarrollo de una política social que posibilita el acceso de toda la población a la plena ciudadanía, la promoción de la justicia social y el abordaje de las causas estructurales de la exclusión.

 

Termino señalando que el Tercer Sector de Acción Social debe mantener su aspecto de denuncia de las situaciones de injusticia para contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva en la que la dignidad de todas las personas esté salvaguardada. Pero, a la vez, debe ser un agente colaborador con la Administración Pública, no quiero un Tercer Sector en frente, quiero un Tercer Sector al lado, manteniendo su identidad desde la colaboración, por crítica que esta deba ser.

 

Una vez más os digo que creo en vosotros.

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