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Aitor Ipiña
Sábado, 7 de mayo de 2016

Política excéntrica

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Una de las consecuencias de esta crisis económica y crisis social que refleja que es mucho más profunda de lo que parece, es el movimiento que ha sacudido las bases de la política en los países de nuestro entorno democrático.


Califico la política actual de excéntrica no tanto por la acepción de “rara y extraña” que también,  sino sobre todo como “fuera del centro”, definido éste como espacio común por donde transcurrían las alternativas y las propuestas políticas mayoritarias, no tanto como lugar equidistante entre alternativas de derechas y de izquierdas.


Esa salida del quicio, la hemos visto en Euskadi donde gana en votos un partido sin implantación y sin campaña y que es difícil de situar en los ejes que siempre hemos pensado definían el mapa político vasco. En el Estado pasamos de soluciones de un solo partido a otras que necesitan al menos el concurso de tres, dentro de un conjunto de cuatro donde no son capaces de hablar más que de dos en dos.  Y qué decir de Europa, donde el proceso de unión y ampliación, que ha guiado la construcción europea durante décadas y donde las fronteras parecían caer maduras por el este a medida que la democratización y la prosperidad económica avanzaban lenta pero inexorablemente, ha dado paso al de salida y desconfianza, donde los Fondos de Cohesión dan paso a las imposiciones de austeridad y donde las fronteras vuelven a levantarse y cualquier esfuerzo parece pequeño para cerrarlas y castigar su cruce.


Incluso en Estados Unidos que, desde Europa siempre nos ha parecido que tenían una política de vía estrecha, aparecen candidatos que ensanchan el panorama desde planteamientos abiertamente xenófobos a políticas progresistas, allí llamadas socialdemócratas, que hasta hace poco estaban condenadas a la insignificancia.
Para entender que un cambio de política es necesario solamente es preciso echar un vistazo al panorama mundial y a las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad. Pero no sé si lo que estamos viviendo va en la dirección deseada, ya que tiene elementos claramente negativos e incluso peligrosos: - el miedo y sobre todo el miedo a otras personas como criterio orientador de las políticas y - plantear las cuestiones en términos de  disyuntivas lo que elimina el campo de los acuerdos y puede generar fracturas sociales.
A ver si somos capaces de centrar la política, no donde ya estaba, sino bastante más cerca de las necesidades de las personas más necesitadas.
 

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